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Entrevista a Kurt Lutman


Fue un enganche metedor que prometía, pero más se lo recuerda por ser el único jugador que enfrentó abiertamente el ex presidente de Newell’s Old Boys de Rosario, Eduardo López.

Kurt Lutman nació en Rosario el 11 de Septiembre de 1976, en el apogeo de la dictadura militar. Todavía ajeno a esa atmósfera, un día empezó a patear con la camiseta de Newell’s adherida a la piel, en la vieja canchita de Malvinas. Pronto aprendió que la vida es mucho más que una pelota y esa cosmovisión empezó a distinguirlo a mediados de los ’90, sobre todo cuando empezó a militar en H.I.J.O.S., ya como jugador profesional. Movilizado por el cambio de aire en la conducción del club del Parque, el flaco pelilargo de tupida barba a lo Pichón de Cristo (como aquel personaje de Fontanarrosa) saca a relucir su chapa de rebelde en los años de Eduardo López como amo y señor de la entidad rojinegra.

-¿Qué es de tu vida? ¿Por qué se te perdió el rastro?

-Sí, yo perdí el rastro, ja. No, estoy tranquilo, soy papá de dos nenes, Juan y Francisca, novio de Ingrid y estoy laburando en albañilería.

-¿Y qué pensás acerca de esta vida que llevás?

-Estoy re contento y tranquilo. Además, todavía estoy festejando la derrota de (Eduardo) López en las urnas de Newell’s.

-¿Te pegó fuerte eso?

-Sí, como a todos los que queremos bien a Newell’s. Ahora la gente se está dando cuenta de la cantidad de cosas que puede hacer en el club, porque se había llegado al extremo de que no se pudiera ir a comer un asado, o utilizar las instalaciones. Era común que a los empleados les debieran doce meses de sueldo. Y por suerte se rompió con todo eso. La cancha de Newell’s no era una cancha normal, ni siquiera se podía colgar una bandera de Bielsa o Martino porque te mataban.

-Cuando te fuiste, enfrentado con López, ¿veías que el club podía terminar en lo que terminó?

-Sí, pero lo bueno es que cuando se suman voluntades estos poderes mafiosos caen. Pasó con María Soledad y con poderes más pesados todavía, ¿¡cómo no iba a pasar con un perejil como López que, como dice Serrat, si no fuera tan dañino daría lástima?! Porque López realmente daba lástima: huraño, metido en una oficina todo el tiempo, sin poder caminar por la calle. Esa realidad se la regalo, con todos los millones de pesos y toda la guita que se comió yo le digo ‘tomá, quedate con tu vida’. Yo prefiero mi realidad, la de caminar libremente por la calle y la de haberlo enfrentado en aquel momento.

-¿En qué año te fuiste de Newell’s?

-En el 2000. En Diciembre de ese año tenía que haber elecciones en el club y yo creí que ahí caía López. Le erré nada más que por ocho años, je. Soy un visionario.

-¿Y por qué pasó aquello justo cuando estabas apareciendo en Primera?

-Yo ya estaba enojado con López desde el ‘96, pero no por creerme más vivo que él, sino porque lo venía sufriendo desde adentro. Estábamos en pleno auge del menemismo y López encajaba perfecto en ese sistema impune, donde cualquiera podía saquear lo que era de todos, sin riesgo a ser enjuiciado.

-¿Cuáles eran los síntomas de ese deterioro?

-Compañeros que pasaban hambre en la pensión, pibes que se iban a dedo hasta Formosa porque el club no se hacía cargo de ellos, o que tenían que dejar el colegio porque no tenían plata para estudiar. La mayoría no llegó a primera y quedaron hechos mierda, sin tener herramientas para ganarse la vida más allá del fútbol. Lo viví también con mi viejo, que como director técnico de inferiores, se pasaba un año sin cobrar. O con un utilero que tenía una hija parapléjica y lo echaron porque se atrevió a reclamar sueldos atrasados. Entonces, desde el ‘96 en adelante me resistí a firmar contrato y me tuvieron a las vueltas por varios clubes.

-¿Qué te llevó a militar en H.I.J.O.S.?

-Yo no tengo viejos desaparecidos ni exiliados, pero entendí que soy parte de una generación agredida por la dictadura y empecé a militar.

-¿Hubo un hecho puntual que te hizo elegir ese camino?

-En el ‘96 fui a jugar a Godoy Cruz de Mendoza porque no tenía cabida en Newell’s. Aclaro que no tenía cabida porque jugué algunos partidos y fui un desastre, tampoco voy a pasar por víctima. El técnico era ‘Tatín’ Donsanti, que también era un desastre: les pedía plata a los jugadores. Y caminando por la plaza Independencia de Mendoza vi mujeres que marchaban con pañuelos blancos. Eso me cambió la cabeza. Y en un recital de Víctor Heredia me topé con los cumpas de H.I.J.O.S. y ahí empecé a patear con ellos.

-¿Ahí te colgaste el cartelito de bicho raro en el fútbol?

-Un poco sí, pero ojo que muchos de mis compañeros pensaban como yo, que Videla era un hijo de puta. En el 2000 salí a la cancha con una remera que decía cárcel a Videla y a todos los genocidas, pero ningún medio le fue a preguntar a mis compañeros si estaban de acuerdo con esa remera o no. Los periodistas siempre prefieren preguntarles a los futbolistas qué mina, qué auto o qué gusto de helado prefieren. De las rondas de mate en la concentración salieron partidos a beneficio de los chicos de la calle motorizados por Bernardi, Vojvoda, el 'Rulo' París, porque ellos veían que cada vez había más chicos pidiendo monedas en los semáforos.

-Entonces, ¿es mentira eso de que el futbolista vive en una burbuja?

-Es una verdad a medias. Es una profesión que quita mucho tiempo y da mucha plata. Pero quien más quien menos, todos tenemos un familiar o un conocido que se quedó sin laburo y esa es una realidad que el jugador no puede negar.

-¿Cómo fue la experiencia de Huracán de Corrientes en el ‘98?

-Otro despelote más. Fuimos a préstamo con un par de compañeros y al toque nos pagaron. Pero después nos enteramos que a los pibes del club les debían seis meses. Hablamos con los directivos y ahí empezamos a chocar. Hasta que en un entrenamiento en pleno verano, con 40 grados, el preparador físico, que lo mandaban para que nos bardeara, le dijo a un compañero que se pusiera la remera cuando todos estábamos en cueros. Este pibe se negó y el tipo sacó un facón de atrás del pantalón y empezó a amenazarlo. Yo salí corriendo para meterme, pero el tipo me tiró un cuchillazo y me hizo un corte en la panza. Ahí nomás me pegué la vuelta.

-¿Y tu representante?

-Bueno, esa fue la única vez que tuve. Me representaba la gente de Soccer. Lo llamé al tipo y me dijo: “Vos cobraste, ¿no? Entonces no te metás, jugá al fútbol y quedate piola”. Esa fue la última vez que tuve representante.

(entrevista publicada en el portal “Crítica digital” del 24/01/09)

1 comentario:

H. L. dijo...

http://historiasleprosas.blogspot.com/2009/01/pongamos-que-hablo-de-kurt.html