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Bela Guttman: "Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una final europea"


El entrenador húngaro, que llevó al Benfica a ganar dos Copas de Europa en el arranque de los sesenta, fue despedido por la entidad portuguesa debido a que pidió un aumento de sueldo. El día que se despidió del club lo hizo lanzando una sentencia que en aquel momento fue tomada de forma anecdótica pero que se ha convertido en toda una losa para el Benfica. “Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una copa europea”. Desde entonces ha disputado seis finales y las ha perdido. Cinco de Copa de Europa y una de la UEFA.

Guttmann, el trotamundos

Bela Guttman [Budapest, 1900-Viena, 1981] fue un trotamundos como jugador y también lo fue como entrenador. En su etapa como jugador fue un destacado mediocentro húngaro de origen judío que conquistó dos títulos de Liga con el MKT Budapest, jugó con la selección en los Juegos Olímpicos de París de 1924, y marchó al Hakoah Viena. Este equipo austriaco se convirtió en uno de los más importantes de Centroeuropa en la década de los años 20. Su popularidad le llevó a medirse con el West Ham United inglés. El primer partido se disputó en Viena y el resultado fue de empate. Los ingleses se comprometieron a disputar el desempate en Londres. Allí, el Hakoah humilló a los hammers endosándoles un rotundo 0-5. Bela Guttmann siempre fue inquieto. Tras una gira por Estados Unidos se quedó asombrado tras disputar un partido en el New York’s Polo Ground ante 46.000 espectadores. Por ello, y porque buena parte de los clubes eran de propiedad judía, decidió marcharse a la liga estadounidense donde jugó 176 partidos hasta su retirada a la edad de 32 años.

Sus inicios en el banquillo estuvieron ligados al Hakoah Viena. Posteriormente marchó al Enschede holandés (actual Twente) y ganó la Liga. También ganó la Liga húngara en la temporada 1938/39 con el Ujpest. Tras la II Guerra Mundial siguió entrenando en Hungría. Se hizo cargo de las riendas del Kispest Honved, con el que ganó otros dos campeonatos. El Honved era propiedad del padre de Ferenc Puskas, detalle que podría ser anecdótico pero que fue crucial en su trayectoria en la institución. Su marcha se produjo tras un roce con Puskas hijo. Guttmann quiso cambiar a un defensa y Puskas se negó. El cambio no se produjo. Guttmann se había dado cuenta que acaba de perder el respeto de sus jugadores. Se sentó en el banquillo, ojeó una revista hasta la conclusión y presentó la dimisión.

Marchó a Italia. Tras pasar por los banquillos de Pádova y Triestina recaló en el AC Milan en 1953. El camino de Trieste a Milan no lo hizo solo. Se llevó a un prometedor defensa de la Triestina: Cesare Maldini. Se convirtió en uno de los jugadores históricos del club rossonero. Fue el encargado de levantar la primera Copa de Europa de los milanistas en 1963. Pero, sobre todo, fue uno de los mejores defensores de su época. Guttmann tuvo un gran equipo a sus órdenes. Contó con el trío ‘gre-no-li’. Es decir, con los delanteros suecos: Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm. Los tres formaron parte del combinado nacional que había sido oro olímpico en los Juegos de Londres de 1948. Además, también contó con el uruguayo Juan Alberto Schiaffino. Uno de los autores de goles del llamado ‘maracanazo’. Con este plantel, el Milan ganó el título de 1955. Nordahl fue el máximo goleador del torneo. El sueco actualmente es el segundo máximo goleador de la historia del Scudetto. En 1956 salió por la puerta de atrás del Milan y se despidió de Italia tras entrenar al Vicenza.

Su llegada a Portugal

De Bela Guttmann se dice que fue un gran estratega. La leyenda dice que él fue el inspiró el 4-2-4 con el que Brasil se proclamó campeona en el Mundial de 1958. Se dice que Guttmann durante su etapa en el MTK decidió fortalecer el medio del campo y para ello comenzó a emplear un 4-2-4 que Bukovi y Sebes también empezaron a utilizar. En 1957 Guttmann volvió a dirigir al Honved. El mítico Honved en el que jugaban: Puskas, Czibor, Kocsis, Bozsik, Budai, Lorant y Grosics. Con este 4-2-4 el Honved realizó una gira por Brasil. Allí se enfrentó a varios equipos. El conjunto húngaro maravilló y Guttmann se quedó en Brasil para hacerse cargo del Sao Paulo. Un Sao Paulo al que llevó al título en 1957. En este equipo formaron Dino Sani y Mauro Ramos, que ganaron el Mundial de 1958, y, sobre todo, destacaba la presencia del veterano Zizinho. Él fue el primer centrocampista brasileño que impactó a nivel mundial.

Tras su paso por Brasil, Guttmann puso rumbo a Portugal. En concreto a Oporto. Ganó la Liga con los dragoes. El Benfica se fijó en él y le contrató un año más tarde. Alrededor de este húngaro hay mucha mística y leyenda. Otra de esas leyendas dice que antes de firmar con el Benfica pasó por la barbería. En ella, coincidió con José Bauer, que en ese momento era el técnico del Sao Paulo. A lo largo de la conversación surgió el nombre de un joven mozambiqueño que tenía cautivado a Bauer. Guttmann decidió mandar a un ojeador y Eusebio Ferreira llegó a Lisboa a finales de 1960. Con la pantera negra, Guttmann encontró lo que al Benfica le faltaba para aspirar a la corona continental. De hecho, el primer triunfo europeo de las águilas se remonta a 1960. La irrupción de Eusebio no pudo ser más estrepitosa. En la final del Torneo de París de 1961, el Benfica iba perdiendo 3-0 con el Santos de Pelé y tan sólo habían transcurrido 20 minutos de partido. Guttmann desesperado decidió poner a Eusebio en el campo. El mozambiqueño respondió a la confianza de su entrenador con tres goles que igualaron el partido y que provocaron la reacción de Pelé. El astro brasileño hizo dos goles y su equipo terminó ganando por 6-3. Pero el gran triunfador de la noche fue Eusebio. La crónica de France Football es fiel reflejo de ello: “Eusebio 3, Pelé 2″.

El camino hasta la final de Berna fue relativamente cómodo para el Benfica. Eliminó al Hearts, Ujpest, AGF y Rapid de Viena. Pero el rival en la final iba a ser el todopoderoso FC Barcelona. El conjunto azulgrana había eliminado en primera ronda al Real Madrid, equipo que había ganado las cinco copas de Europa que se habían disputado hasta la fecha. Tenía un conjunto temible encabezado por los húngaros Kubala, Kocsis y Czibor más Evaristo y Luis Suárez. El Barça partía como favorito. Pero no cumplió. Se estrelló con la madera. Hasta cuatro balones acabaron en los postes. El Benfica no pudo contar con Eusebio en la final debido a que no había podido de arreglar el contrato con el club lisboeta. A pesar de ello, las águilas se impusieron por 3-2 en la prórroga.

El título de campeón de Europa lo iba a revalidar en la temporada siguiente. Y lo iba a hacer ante el mismísimo Real Madrid que alcanzó la final y que quería sumar su sexto título en siete ediciones. El conjunto blanco tuvo una difícil eliminatoria de semifinales ante la Juventus. Di Estéfano firmó el tanto del triunfo madridista en Turín. Pero la Juve repitió resultado en Charmartín, infligiendo al Real Madrid la primera derrota europea en casa de su historia. Fue necesario un partido de desempate en París que concluyó con triunfo blanco por 3-1. Si el Real Madrid sufrió en cuartos, el Benfica lo hizo en las semifinales ante el Tottenham Hotspur. 3-1 en Lisboa y derrota por 2-1 en The Lane. La final de Ámsterdam iba a enfrentar a los dos únicos campeones de la competición. Y Guttmann iba a poder contar con Eusebio, que estaba maravillando al continente con el fútbol que tenía en sus botas. Además, Guttmann tenía la posibilidad de tomarse una pequeña revancha con Puskas. El jugador húngaro fue el mejor de los blancos. Firmó tres goles, todos los que hizo el conjunto de Charmartín en aquella tarde. Pero el Benfica hizo cinco, dos de ellos de Eusebio.

Parecía que el Benfica iba a sustituir al Real Madrid en el trono continental. Si los blancos habían dominado la década de los 50 con Di Estéfano como gran abanderado, el Benfica se encomendaba a Eusebio y Guttmann para imponer su tiranía. El Benfica parecía un equipo imbatible. Con un poderío ofensivo notable y con un Eusebio al que ninguna defensa lograba frenar o, al menos, minimizar. Guttmann afrontaba su tercer año en la entidad. El húngaro pensaba que la tercera temporada era la más difícil para un entrenador. Por ello, durante el verano pidió un aumento de sueldo. Las negociaciones entre técnico y directiva no llegaron a buen puerto, hubo mucha tensión y el club decidió cesar Bela Guttmann. Tras el cese, el húngaro profirió la ya cita frase de “sin mí, el Benfica no volverá a ganar una copa europea”. La frase comenzó a tener sus efectos en ese mismo 1962. A finales de año, en la disputa de la Intercontinental que se llevó el Santos de Pelé.

Seis decepciones

Con la derrota en la Intercontinental no se quiso dar mayor importancia a la frase de Guttmann. Normal. Al fin y al cabo, la Intercontinental no era una competición europea y, por supuesto, ¿quién iba a creer esa amenaza cuando se tenía un equipo tan potente?. En 1963 el Benfica alcanzó la final de la Copa de Europa que se iba a disputar en Wembley. El rival era el AC Milan de Nereo Rocco que contaba con Gianni Rivera, Cesare Maldini, Giovanni Trapattoni y José Altafini, que se convirtió en el máximo realizador del torneo con 14 dianas. La final también era el escenario en el que se iban a enfrentar dos de las más grandes figuras futbolísticas del momento: Altafini y Eusebio. Ambos fueron los encargados de inaugurar el marcador. Altafini adelantó al Milan y Eusebio igualó la contienda. Pero Altafini iba a decantar el título con otro gol, logrado a pase de Rivera. En 1964, el Benfica cayó eliminado en primera ronda por el Borussia de Dortmund. Iba a ser un año después cuando las águilas alcanzasen su cuarta final de la máxima competición continental. De nuevo iba a enfrentarse a un conjunto italiano de la ciudad de Milán, pero esta vez su rival iba a ser el Internazionale, que era el vigente campeón de la competición. El Inter acrecentó la leyenda. Los elementos se aliaron con los neroazurri. El Inter jugaba en San Siro. La climatología no acompañó, llovió y el agua impidió que el Benfica practicase su estilo ofensivo. El Inter defendió con orden y rigor y, además, consiguió golpear primero gracias al tanto que Jair logró al filo del descanso. Este gol sirvió a los neroazurri para ganar su segunda y última Copa de Europa hasta la fecha. El Benfica perdía por segunda ocasión aunque firmaba un quinquenio de excepción: cuatro finales con dos títulos. La carrera de Eusebio tocó techo en 1968 y la del Benfica también. La pantera negra fue elegida Balón de Oro por France Football. Fue la primera ocasión en la que se otorgó este premio y el galardón recayó sobre el mejor jugador del momento. El Benfica estaba considerado como el mejor equipo de Europa. Tras eliminar a Gletoran (se deshizo de este rival gracias al valor doble de los goles en campo contrario, primera vez que se utilizó este sistema para decidir una eliminatoria igualada), Saint Etienne, Vasas y Juventus, el Benfica regresó a Wembley. No era un escenario que le traía buenos recuerdos y, además, iba a tener que jugar contra un equipo inglés: el Manchester United de Matt Busby. Un detalle nada anecdótico ya que los diablos rojos no habían conseguido ganar ningún partido fuera de casa durante las eliminatorias previas. En Wembley iban a contar con el apoyo de sus seguidores. Hibernian, Sarajevo, Gornik y Real Madrid fueron sus obstáculos para llegar a Wembley. La final no registró goles hasta la segunda mitad. Bobby Charlton, en el 54’, inauguró el marcador. Jaime Graça igualó minutos después. Se llegó a la prórroga. En ella, Charlton, Best y Kidd hicieron los tantos del United. 4-1. Tercera final perdida para el Benfica.

15 años iba a tardar el Benfica en regresar a una final europea. No fue en la Copa de Europa, sino en la Copa de la UEFA de la temporada 1982/83. El Benfica contaba en el banquillo con la dirección de un entrenador sueco: Sven-Göran Ericksson. Eliminó a Betis, Waasland, Zürich, AS Roma y Universidad de Cracovia. El equipo a batir era el Anderlecht belga. El club belga había ganado dos Recopas, perdido otra, y dos Supercopas de Europa durante la década de los 70. En esa temporada, antes del partido de vuelta de la eliminatoria ante el Oporto, Van Himst relevó a Tomislav Ivic en el banquillo. Se plantó en la final que se disputaba a doble partido. En la ida, el Anderlecht venció por la mínima gracias a un solitario gol del danés Brylle. El Estadio de la Luz registró un gran lleno para la vuelta. El Benfica acariciaba el título a pesar del resultado en contra que traía de Bélgica. Sheu, en el 36’, adelantó a las águilas e igualaba la final, pero el español Lozano, dos mimutos después del tanto portugués, puso el 1-1 con el que iba a finalizar el partido. La Uefa era para el Anderlecht y Bela Guttmann se reía desde su tumba en Viena, en la que descansaba desde hacía dos años.

Un año después de que el Oporto levantase su primera Copa de Europa en la final que le enfrentó al Bayern de Munich, el Benfica tenía la posibilidad de romper la maldición de Guttmann en la quinta final continental que iba a disputar tras la marcha del húngaro. De nuevo era finalista de la Copa de Europa. Stuttgart acogió la final. En ella el Benfica iba a tener que enfrentarse con el PSV Eindhoven de Guus Hiddink. El PSV no enamoró a Europa. Europa estaba del lado del Benfica. Ganó tan sólo tres de los nueve partidos que disputó en la competición. A penas hizo goles. Superó los cuartos de final (Girondins) y la semifinal [Real Madrid] gracias al valor doble de los goles conseguidos fuera de casa y, además, se granjeó la antipatía europea debido a la entrada que Koeman realizó a un jugador francés al que lesionó de gravedad. El PSV contaba con un gran portero bajo palos: Van Breukelen. Además en defensa contaba con el ya citado Koeman y con el belga Gerets, El fútbol en la medular lo creaba el danés Lerby y en las bandas contaba con Vanenburg y Gillhaus. En ataque, el delantero centro era Wim Kieft, El Benfica había eliminado a Partizan, AGF, Anderlecht y Steaua de Bucarest para llegar a la final. El encuentro concluyó 0-0. Se disputó la prórroga y el marcador no se movió. En los penaltis, el PSV acertó con todos mientras que Veloso falló el sexto por parte del Benfica. La maldición estaba más viva que nunca.

La última final que hasta la fecha ha disputado el Benfica fue dos años después de la derrota en Stuttgart. En 1990. El escenario iba a ser el Pratter vienés. Como el Benfica iba a visitar Viena, donde está la tumba de Bela Guttmann, al club se le ocurrió poner punto y final a la maldición. Una delegación lisboeta encabezada por Eusebio hizo una ofrenda floral en la tumba del húngaro y rezó antes de la disputa de la final en la que las águilas iban a volver a verse las caras con el AC Milan. El Milan de Sacchi atemorizaba Europa. Estaba revolucionando el fútbol y ya había ganado una Copa de Europa 12 meses antes en el Camp Nou. El Milan sufrió para llegar a la final. Sobre todo ante el Real Madrid en octavos y ante el Bayern de Munich en semifinales. Derrotó a los alemanes en la prórroga. El camino del Benfica también fue duro y, al igual que el Milan, sufrió en semifinales. El Olympique de Marsella era uno de los conjuntos favoritos para hacerse con el triunfo final. Era el aspirante al trono del Milan, incluso se decía que el único que podía batir al cuadro rossonero. El Olympique cayó en las semifinales ante el Benfica en un polémico encuentro de vuelta que se resolvió gracias a un tanto de Vata. Tampoco se vio una gran final, pero sí se vio a un Benfica gris, sin ideas para abordar al Milan. Rijkaard, en el 68’, marcó el 1-0 definitivo. Esta fue la última vez que el Benfica se asomó a una final continental que perdió como las cinco anteriores que había disputado tras la marcha de Bela Guttmann. De momento, la maldición de Guttmann sigue haciendo efecto a las águilas.


(tomado de la página "Fútbol táctico")

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Honorino Landa, el centrodelantero chileno que actuó en las Copas del Mundo de 1962 y 1966, estaba lleno de picardía.
En un partido en el estadio “Santa Laura”, le arrancó la gorra al arquero argentino Arturo “Palitroque” Rodenak (foto), que defendía a Rangers y la escondió bajo su camiseta.
Palitroque lo empezó a perseguir en medio del desconcierto del árbitro Mario Gasc y las risotadas del público. Posteriormente, en Talca, el Nino Landa repitió la gracia en un tiro de esquina y Rodenak lo correteó hasta la mitad de la cancha, con el juez Domingo Santos detrás de ellos. En Junio de 1987, Rodenak fue a los funerales de Landa en Santiago y Alberto Fouillioux, haciendo gala de humor negro, le gritó: “¡Palitroque! ¿viniste a buscar la gorra?”

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A un buen jugador hay que ponerle otro buen jugador al lado, no sólo para que juegue con él, sino para que compita con él; porque la competencia de ninguna manera es mala, si se la maneja bien.

(JORGE BERNARDO GRIFFA, ex jugador y entrenador argentino)

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Si nos unimos, se termina la FIFA.

(OSCAR RUGGERI, ex internacional argentino en Revista "Mística", Nº 3 del 3 de Mayo de 1997. Recordar también que quería terminar con la AFA -"voy y tiro el alambrado de Ezeiza con la 4x4"-)

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El goleador (Horacio Iannella - Argentina)


Después que la bajó con el pecho miró de reojo la tribuna que lo vitoreaba. La tuvo a sus pies unos segundos, la amasó con delicadeza con el botín izquierdo y comenzó a avanzar.

Los rivales se sucedieron pero él los esquivó con imperceptibles movimientos de cintura. Le hizo un caño al último defensor y con la cabeza levantada esperó la salida del guardavalla, le amagó a una punta, la enganchó con el empeine, suavecito, y la paso por arriba del cuerpo ya burlado del arquero.

La pelota, su amiga, llegó hasta el fondo del arco lentamente, como si supiera que solo debía acariciar la red. Era el quinto gol que convertía esa tarde y los hinchas, embanderados con los colores del club, lo aclamaban como ídolo indiscutido.

Se abrazó con sus compañeros e imaginó los titulares del día siguiente con sus fotos en cada uno de los matutinos.

Al finalizar el partido se despidió de la gente con el brazo en alto y el puño cerrado con el índice extendido, tal era su costumbre.

Después de hacer declaraciones a una radio y firmar dos autógrafos esquivó la maceta rota, la del helecho, pidió un cigarrillo que no le dieron y se dirigió a los baños del pabellón “C” del Instituto Neurosiquiátrico.

Junto al paredón, que nunca supo de revoque ni de pintura, quedó abandonado un bollo de papel de diario con noticias tristes.

(un gracias enorme a Horacio por autorizarme a publicar este cuento)

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En el fútbol uruguayo figura la historia de un club de Primera División que se fue al descenso por sorteo. Sucedió en la temporada de 1950, cuando al finalizar el torneo, dos equipos quedaron últimos, con el mismo puntaje: Bella Vista y Montevideo Wanderers. Como solo uno debía irse al descenso, se dispuso la disputa de dos partidos entre los 'papales' de Bella Vista y los 'bohemios', de Montevideo Wanderers.
En el primer enfrentamiento, el resultado fue favorable a Bella Vista por 2 a 1. Y en el segundo partido, los “bohemios” se tomaron revancha venciendo por 1 a 0. Como no estaba dispuesto un tercer y definitorio cotejo, ni tampoco había definición por penales, la Asociación Uruguaya dispuso que, en su sede, se realizara un sorteo ante la presencia de los delegados de ambas instituciones.
Con muchos nervios, el 5 de Abril de 1951, a pocos días de la iniciación del campeonato de dicho año, los delegados tomaron de un bolillero, -con números del 1 al 100- quedándose en Primera División el que se quedara con el más alto.
El representante de Montevideo Wanderers sacó el número 53, mientras que el de Bella Vista el 43, descendiendo a Segunda. Toda una injusticia desde el punto de vista deportivo, eso de depender de un bolillero lo que no fue dentro de la lógica de un campo de juego. Y a Bella Vista le costó 17 años regresar a la máxima categoría del fútbol de Uruguay.

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El deporte en Grecia era signo de paz. Pero los gestos, los movimientos, las banderas y los estandartes se parecen a la guerra. El deporte hoy el mismo carácter de catarsis que el teatro griego, con la diferencia de que ahora hay una suspensión del juicio crítico. A nadie se le ocurre pegarle a un actor de teatro por asesinar en escena a otro actor, pero sí se le puede ir a pegar a un jugador porque erró un gol, aunque el concepto de juego es el mismo.

(LUIS CORREA, psicoanalista uruguayo)

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Me parece que no hay equipo destacado sin líderes, porque los equipos de fútbol son la imagen de una enseñanza permanente de la necesidad de liderazgo. Está el líder de tarea: que es el que tiene la pelota durante el juego, el líder de estrategia: que es el que la recompone o la afirma cuando está detenido el partido, y el líder de vestuario: el caudillo o cacique; todos detrás del gran jefe, que es el entrenador; los demás son todos indios.

(ROBERTO PERFUMO, ex futbolista y entrenador argentino)

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(Piero Lercher - Austria)

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La caída del imperio británico (Juan Bonilla - España)


Cayeron los imperios, los reyes y los príncipes.

Cayeron las repúblicas, dictaduras y dioses.

Cayeron boxeadores y jefes de la mafa.

Cayeron los amantes de juventud hermosa.

Cayeron los hipócritas. La noche llega a todo.

Caerán tarde o temprano las catedrales nórdicas.


Todo caerá no hay duda. Si cayó -recordadlo,

recordad esa tarde que el estadio de Wembley

tembló cuando los húngaros su sexto gol marcaron-

la hasta entonces invicta selección de Inglaterra.

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"¡Esos sí que eran partidos! No había respiro y pasaba de todo. Adentro y afuera de la cancha. Eran partidos cerrados. Ellos (los de Estudiantes) nos habían ganado 1 a 0 en La Plata y nosotros acá 1 a 0, cuando tuve la suerte de marcar aquel gol. Con ese triunfo nos fuimos al desempate en Lima. Fue lo más lindo porque estaban agrandados", dice. Y agrega: "en Los Céspedes se leía El País y allí vemos, ‘qué lindo es darle la vuelta en la cara’. ¡Era Pachamé el que había declarado en el aeropuerto que nos venían a ganar! Después, cuando les ganamos, lo esperé en el medio de la cancha. Le toqué el hombro y le dije: 'Pacha... dale... da la vuelta olímpica que yo te aplaudo. Me mandó a la puta que lo parió... (se ríe) y le dije... mirá que si no diste la vuelta acá, no la das más’. ¡Y no la dio! Les ganamos flor de partido en Lima. Manga sacó cada pelota... si nos hubiesen hecho un gol, nos ganaban. En aquella época, hacías un gol y la pelota desaparecía. Faltaban cincuenta minutos y terminabas jugando diez, se las quedaban los suplentes o la tiraban a la tribuna, era bravísimo ganar.
Estaba muy bien armado Nacional. Jugamos trece partidos y sólo recibimos cuatro goles ¡uno solo de cancha!, el que nos hizo Romero en La Plata. Después fueron dos goles de penal y uno en contra de Ancheta. Hicimos 27 goles, era flor de cuadro".

(JUAN MASNIK, ex jugador de Nacional de Montevideo, recordando sus duelos con Estudiantes de La Plata por Copa Libertadores de América a fines de la década del 60, tomado de 'Ovación digital' del 24/06/09)

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Yo pienso que tenemos un mal equipo y unos futbolistas bastante flojos. Yo pienso que tenemos un mal equipo, para qué nos vamos a engañar.

(ISIDRO SILVEIRA, presidente del Racing Club de Ferrol, y una declaración llena de optimismo para con el plantel del club -Marzo 2009-)

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El hincha quiere que vayamos para atrás. La gente es hincha y es obvio que nos piden lo que todos ya saben; que el equipo vaya para atrás en los dos últimos partidos, pero el jugador nunca hace eso, nunca va para atrás.

(HERNÁN BERNARDELLO, mediocampista de Newell's Old Boys de Rosario, revelando el pasado 4 de Junio el pedido de los hinchas “leprosos” para que Newell’s vaya a menos en los dos últimos partidos del campeonato, con la finalidad de que el clásico rival, Rosario Central, termine perdiendo la categoría)

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Aquel gol de Olmedo (Pablo Pedroso - Argentina)


No recuerdo con precisión mi anteúltimo sueño relacionado con el fútbol, ni siquiera sé si ocurrió hace pocas noches atrás o hace más de diez años. El sueño de anoche, en cambio, va a permanecer en mi memoria por un tiempo más prolongado. Claro que no tengo un recuerdo preciso de cómo se originó toda esa historia pero me vienen a la mente algunas imágenes, pequeñas secuencias que trato de ordenar en mi cabeza buscando algún sentido a ese bendito sueño.

La situación era que estábamos con Joaco, mi hijo, mirando en la tele un programa donde pasan viejos partidos o recuerdan momentos importantes de la historia del fútbol. Y así estábamos cuando comienzan a pasar imágenes de la selección argentina en un partido muy trascendente, según mi sueño, claro está.

Era un partido que temporalmente puede haber ocurrido en 1997 o 1998. O Eliminatorias o el Mundial… No importa eso, lo relevante de ese partido, lo fundamental, lo histórico fue que la jugada clave, el gol de Argentina lo convirtió Alberto Olmedo, el cómico, el Negro Olmedo. Es verdad, no es chiste. Así son los sueños: raros y sin sentido aparente, por eso hay gente que se gana la vida interpretando sueños. No sé cuál puede ser la interpretación de este sueño ni me quiero enterar.

En el relato, el cronista destaca la presencia de Alberto Olmedo y el buen papel que cumplió para la selección. ¡Olmedo jugando con la camiseta de Argentina en el ’97 ó ’98 cuando en realidad falleció en Marzo de 1988!

Se puede soñar algo semejante pero lo que me cuesta entender es que en el sueño, en ese momento, cuando descubro sobre qué partido van a pasar las imágenes, comienzo yo a explicarle a mi hijo que Olmedo había llegado a la selección por el clamor popular luego de tener un torneo impresionante vistiendo la camiseta de Rosario Central. Y se lo cuento como si fuera una historia archiconocida por todo el público futbolero. Es como que yo mismo entro en la locura de mi propio sueño. ¡De no creer!

Para colmo, pareciera que conozco la historia a la perfección y se la cuento a Joaco de una manera fluida, con lujo de detalles: Olmedo había decidido un año antes largar el fútbol y sólo por pedido de los hinchas de Central fue a tratar de dar una mano al equipo de sus amores. ¿De qué jugaba Olmedo en mi sueño? De diez, ¿de qué otra cosa puede jugar? Tan bien le fue en Central que se ganó la celeste y blanca, y llegó como el salvador, como la última esperanza del fútbol nacional, para meter ese gol histórico que estábamos por ver.

Un gol que nos permitió conquistar no sé qué cosa pero seguramente fue un hito en la historia de nuestro fútbol. Debo ser sincero y debo reconocer los méritos de mi sueño: cualquiera hubiera soñado un gol de Olmedo como el de Diego a los ingleses o hazaña semejante. Yo no, en mi sueño, el gol de Olmedo fue medio pedorro, metido con la rodilla, en una jugada ridícula y luego de unos cuantos rebotes. Un verdadero gol de orto. Y ese detalle le da un toque realista que te permite seguir soñando y continuar con la fantasía sin que puedas darte cuenta, justamente, que estás soñando.

Porque si todo es inverosímil te terminás despertando, y yo, este sueño, no me lo quería perder por nada del mundo: Olmedo dándole una alegría más a los argentinos, la gente feliz y contenta, todos los jugadores abrazándose y yo más feliz que ninguno, permitiéndome disfrutar de Olmedo, el Grande, presenciando un momento único del fútbol argentino y compartiendo un rato maravilloso con mi hijo. ¡Qué más puedo pedir!

(extraído del excelente blog de Pablo Pedroso sobre cuentos de fútbol)

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En 1966, Daniel Onega (foto), de River Plate, logró la hazaña de anotar ¡17 goles! en esa edición de la Copa Libertadores de América.
Un número de conquistas aún no igualada, en un mismo torneo organizado por la Confederación Sudamericana de Fútbol, por ningún otro futbolista.
En ese año 1966, en el que precisamente Onega debutó en Primera División, River llegó a la final de la Copa, perdiendo en partido desempate ante Peñarol de Montevideo, cotejo disputado en el Estadio Nacional de Chile.
Daniel Onega, cuyo hermano Ermindo, el "Ronco", marcó toda una época de nuestro fútbol, nació en 1945, en Las Parejas, provincia de Santa Fe.
Daniel, apodado futbolísticamente como "El Fantasma", por su manera inesperada para aparecer frente al arquero rival, comenzó jugando en River, integrando su Primera División entre 1966 y 1971 y, tras un breve paso por Racing en 1972 (allí jugó 41 partidos anotando 9 tantos) regresó al club de Núñez.
En River jugó un total de 207 encuentros, convirtiendo 87 goles. Además, integró el seleccionado nacional.
Posteriormente viajó a España, fichando para el Córdoba, donde jugó 3 temporadas. Finalmente, en 1978 lo contrató Millonarios de Colombia, registrando excelentes actuaciones. Y se retiró del fútbol dejando bien parado el apellido ilustre que hizo conocer al mundo futbolístico su hermano Ermindo.

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Abel (Alves) se merecía una oportunidad, ya que si Boca no tenía plata, por lo menos le hubiesen permitido dirigir al menos seis meses. No podés medir a una persona por dos partidos; ni un mago puede cambiar todo con los mismos jugadores y problemas. ¿Por qué si Basile es tan bueno no dirige con los que están ahora?

(BEATRIZ ALVES, esposa de Abel Alves, el entrenador interino de Boca Juniors, criticando duramente a los dirigentes de la entidad de la Ribera, ya que no le dieron a su marido la oportunidad de dirigir por más tiempo al equipo de Primera División)

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Grondona tiene aciertos y dificultades, pero está rodeado de una banda que Dios mío. Mirá los estadios: acá se gastaron más de 200 millones en Seguridad y seguimos para la mierda.

(SERGIO MARCHI, titular de Futbolistas Argentinos Agremiados, Diario Olé, 23/08/2008)

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Football (Monika Dryl - Polonia)

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A mediados del siglo XIX, comenzó a hacerse popular en muchas escuelas privadas de Gran Bretaña jugar a una variante entre el fútbol y el rugby, más sofisticada y menos agresiva que ésta última. Evidentemente, el fútbol ya era conocido en todo el país (sobretodo en zonas rurales) desde hacía siglos.
El Rugby se había hecho muy popular en muchas escuelas, pero se encontró con algunos sectores y clubes a los que no les gustaba esa forma más brusca de practicar el deporte y apostaron por crear un reglamento en el que el juego del balompié no estuviese basado en golpear al rival para conseguir el control del balón y ambos quedasen diferenciados.
Allá por 1848 se reunieron en el Trinity Collage de Cambridge representantes de varias escuelas y trataron de hacer un reglamento que recogiese una serie de normas básicas para el ejercicio de ese deporte. Algunas de las normas permitían el arrancar el balón con las manos o dar un puntapié al contrario Allí nació el conocido como “Reglamento de Cambridge”.
Pero no fue hasta 1863, más concretamente en la mañana del 26 de Octubre en una taberna de Londres llamada Freemasons’s, cuando se realizó una reunión en la que se creó la Asociación de Fútbol (FA). Allí estaban representantes de todas las asociaciones que practicaban dicho deporte y todos juntos se dispusieron a redactar el primer reglamento de fútbol.
De esa primera reunión salieron las 14 primeras reglas. Se estuvieron reuniendo durante dos meses (en total 5 reuniones), pero no llegaron a un acuerdo total con todos los clubes, ya que el Blackheath se oponía a que no se permitiera agarrar el balón con las manos y que las patadas a un jugador contrario estuviesen penalizadas. Poco tiempo después el representante del Blackheath era uno de los fundadores de la Federación Inglesa de Rugby.
El manuscrito original del primer reglamento de Fútbol de 1863 se conserva en la Universidad de Oxford y se publicó en un libro en el año 2006.

(tomado del blog "La coctelera")

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Palermo es un goleador triste.

(LEOPOLDO JACINTO LUQUE, ex internacional argentino, en Revista "El Gráfico" del 21/9/99. -A pesar de ello, Martín sigue haciendo felices a los hinchas de Boca-)

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No fue un partido de fútbol, porque un equipo se adueñó de la pelota y no se la dejó tocar al otro.

(DANTE PANZERI, recordado periodista argentino, tras Holanda 4 - Argentina 0 en Alemania 74)

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ÁGUILAS - Benfica (Portugal)


El Sport Lisboa e Benfica es el club de fútbol más laureado de Portugal y el que cuenta con más aficionados tanto dentro como fuera del país.

Su origen está en un grupo de ex-alumnos de la Real Casa Pía de Lisboa que en 1904, en el barrio de Belem, fundaron el club, eligieron sus colores (el rojo y blanco) y su emblema, el águila, que pretendía simbolizar la independencia, autoridad y nobleza.

Éstos jóvenes disputaban sus partidos cerca de la farmacia de la calle Dirita, propiedad de Pedro Franco. Los hijos del farmacéutico, así como dos de sus empleados, Santos Brito y Manuel Gauiarde, formaban parte de estos disputados partidos. La farmacia acabaría siendo la sede social del equipo. Un club que no disponía de un terreno propio donde poder disputar sus encuentros.

Pero el verdadero líder y fundador del equipo fue Cosme Damiao, que creó el Sport Lisboa el 28 de Febrero de 1904. La idea fue crear un club al estilo inglés. Es decir, un lugar en el que los hombres podrían pasar sus momentos de ocio y practicar el deporte que más les gustara. Cosme Damiao fue todo en el club: jugador, capitán, entrenador y presidente.

El gran inconveniente que se planteaba este equipo era que no disponía de un terreno propio. A pocos metros de su sede social, existía otro club, el Benfica, que también comenzaba su andadura. El Benfica, a pesar de tan solo contar con quince miembros en el club, sí disponía de campo propio.

Pronto se iniciaron las conversaciones con el fin de unificar los dos equipos y el 13 de Septiembre de 1908 nació el “Sport Lisboa e Benfica”. El Benfica aportaba el campo y el Sport Lisboa lo demás. Los colores del nuevo club son los del Lisboa, es decir, mantienen la camiseta roja y el pantalón blanco inicial, vestimenta que se mantiene en la actualidad.

El equipo ya está formado y tiene un terreno de juego donde poder disputar sus partidos. Pero la idea de este club no era la de formar un club de fútbol, sino también la de fomentar otro tipo de deportes, cosa que con el tiempo se ha cumplido.

Se crea la Liga

Después de la 1ª Guerra Mundial el deporte en Portugal se va extendiendo poco a poco. Con el paso del tiempo se van creando nuevos clubes, debido a la importancia que van adquiriendo los ya creados anteriormente. Así a partir de 1920, se va a crear una competición nacional. El Benfica, extrañamente, se niega a disputarla. El club tuvo que esperar hasta 1927 para probar suerte en alguna competición oficial. La consagración del club tuvo lugar en 1930 con el título del mejor equipo del país.

En 1935, las competiciones se estructuraron en divisiones, con lo que se iba a crear un verdadero campeonato. El Benfica estaba a la vanguardia de esta nueva asociación. Poco a poco el campeonato portugués iba tomando forma. Mientras, el equipo iba creciendo bajo la presidencia de Cándido Oliveira y sobre todo de Antonio Ribeiro Dos Reis.

Durante estos años el Benfica va tomando ciertas connotaciones sociales determinadas. Así, si el Sporting de Lisboa es un club de aristócratas, el Benfica, por su parte, parece estar más cerca de la gente modesta. Incluso, durante algunos años (1931-33, 1936-38 y después en 1946) fue un obrero el que ocupó la presidencia del club, Manuel Da Conceigao.

El equipo durante estos primeros años va consiguiendo título tras título. La fama sigue en aumento, pero el equipo seguía sin campo propio, hasta que en 1954 se inaugura el estadio de “La Luz”.

En cuanto al nivel de juego el Benfica era todavía semiprofesional, hasta que en 1955 diera el paso al profesionalismo, bajo la dirección de Joaquín Bogalhao y Mauricio Vieira de Brito.

La responsabilidad técnica es confiada entonces a Otto Gloria. Fue bajo su impulso cuando el Benfica logra superar la etapa nacional y el equipo empieza a tomar conciencia de sus posibilidades en Europa.

Rosario de entrenadores extranjeros

El entrenador brasileño le dio savia nueva al equipo. Siempre sonriente, ocultaba bajo su figura rolliza y simpática una gran inteligencia. Ésta, la inculcó a sus jugadores y sobre todo supo motivarlos siendo el primero en dar a entender la importancia de la dieta, del reposo y del seguimiento médico.

Con él llegaron los jugadores de las colonias africanas a Portugal, preparando lo que sería la edad de oro del equipo. Así, hombres como Costa Pereira, Coluna, Santana y Aguas llegan al Benfica.

Pero antes que Otto Gloria, el Benfica conoció otros entrenadores. Así, el austríaco Lippo Hertkz fue el primer entrenador profesional extranjero que ocupó este cargo dentro del club. Supo imponer a principios de los años 30 un estilo en el cual se mezclaban atinadamente el rigor germánico con las cualidades naturales de los jugadores lusitanos.

A este entrenador austríaco le sucedió el británico Arthur Joh, que iba a obtener tres títulos consecutivos.

Después de la 2ª Guerra Mundial, el Benfica tendría al húngaro Janus Birí, al argentino Alberto Zozoya y los portugueses Alfredo Valadas, Francisco Ferreira, Joaquín Bogalhao y José Domínguez, todos ellos bajo la atenta mirada de Ribeiro Dos Reis, el hombre fuerte del momento.

A principios de los años 50 llegó el argentino José Alberto Valdivieso, que reorganizó el club dándole mayor importancia a los jóvenes, con lo que creó un importante cimiento para los próximos años.

Otto Gloria iba a llegar a Portugal, en una gira por Europa, con el Atlético Mineiro, un club brasileño Atlético Mineiro, un club brasileño de Belo Horizonte. Dio una excelente impresión por su inteligencia, su ambición y su imaginación. A tal punto, que los dirigentes del Benfica le propusieron quedarse en el equipo. El técnico aceptó. Era su oportunidad para triunfar en Europa.

La era de Otto Gloria

Fue un excelente entrenador, creando una nueva táctica que por entonces recorrería toda Europa. Creó un sistema de juego basado en un 4-2-4, que tan buen resultado le diera al Benfica en aquellos años.

Con Gloria, el Benfica entró en la era moderna. Supo explotar las cualidades de sus pupilos. Entre estos jugadores se encontraba Mario Coluna, uno de los primeros en el Benfica que provenía de las colonias africanas. Coluna tendría que llenar páginas en el libro de éxitos del Benfica.

Con él empezó a llegar el “mercado africano”, fichando jugadores de Mozambique y Angola, cuyas cualidades técnicas y físicas eran extraordinarias. Pero de todos ellos el mejor ejemplo lo tenemos en Eusebio, el mejor jugador de la historia del fútbol portugués.

Con Otto Gloria el Benfica iba a ganar los títulos de 1955 y 1957. En Europa ya se había creado la Copa de Europa y con la consecución de este último campeonato le daba el pasaporte para disputar la II edición de la Copa de Europa. Aunque fuera eliminado a las primeras de cambio.

En la primavera de 1960, Otto Gloria decidió poner fin a su etapa como entrenador del Benfica. Era una vacante difícil de ocupar. Tras su marcha le iba a suceder el húngaro Bela Guttmann.

Guttmann iba a ser el gran beneficiario del trabajo de su predecesor. Este húngaro que nació con el siglo, fue titular del MTK de Budapest y miembro del equipo húngaro que disputó los juegos olímpicos de París, en 1924. Guttmann emigró a Estados Unidos donde entra a formar parte del equipo de los Giants de Nueva York, antes de convertirse, al final de su carrera, en bailarín profesional.

Al regresar a Europa se iba a instalar en Austria, convirtiéndose en entrenador. Una vez obtenido el título de entrenador se marchó a Holanda en donde condujo al Twente Enschede a la Segunda División. Una vez finalizada la guerra se iba a ocupar de equipos como Milán, Padova, Trieste. Pasó por Brasil (Sao Paulo), para llegar a Portugal y fichar por el Oporto. Pronto pasaría a formar parte del Benfica.

Con 60 años supo aprovechar la oportunidad que le ofrecía este equipo. Además podría impartir las enseñanzas de toda una vida dedicada al fútbol. Obtuvo el título portugués en su primer año en el equipo e igualmente al siguiente (1961 y 1962). Pero al año siguiente, el fracaso en la carrera por el título, que ganó finalmente el Sporting, le obligó a dimitir.

Primera Copa de Europa

En su primera temporada, llevaría al equipo a conseguir el máximo trofeo continental a nivel de clubes, campeones de Europa. Era todo un triunfo para el Benfica.
La final tuvo lugar el 31 de Mayo de 1961 en el estadio de Wankdorí de Berna, en Suiza. En frente iba a estar un equipo español, el Barcelona.

Aquella noche en Wankdorí, el estadio del Youn Boys acogía la sexta final de la Copa de Europa. Por primera vez el Real Madrid no iba a estar en la final. Pero a cambio sí iba a estar el Barcelona, club que partía como favorito.

Los catalanes gozaban de una suntuosa delantera, compuesta por los húngaros Czibor y Kocsis, Kubala, el brasileño Evaristo y Luis Suárez. Se tenían que enfrentar a un equipo casi desconocido en Europa, el Benfica.

El equipo portugués para llegar a la final tuvo que eliminar con antelación a los escoceses del Hearth of Midlothian, los húngaros del Ujpest, a los daneses de Aarhus y a los austríacos del Rapid de Viena.

El partido lo empezó dominando el Barcelona y como consecuencia de esto vino el primer tanto de los catalanes, obra de Kocsis. El Benfica reaccionó y consiguió el empate por medio de Aguas. Gracias a un autogol de Ramalle, el Benfica se puso por delante del marcador. Coluna tras el descanso consiguió lo que era el gol de la tranquilidad.

El Barcelona después de este tanto puso cerco a la portería de Costa Pereira, que esa noche se mostró intratable. Czibor, a falta de quince minutos para la finalización del encuentro, logró marcar el que era el definitivo 3-2 con el que terminaría el encuentro. El preciado trofeo ya tenía un nuevo dueño, el Benfica.

Nuevo trofeo europeo

Con esta victoria conseguida por el Benfica, Portugal ganaba su primera Copa de Europa, hasta entonces sólo reservada para el Real Madrid. Pero ésta no sería la única vez, ya que a la temporada siguiente volvió a conseguir, de nuevo, este galardón.

En esta ocasión su rival iba a ser el Real Madrid. El equipo madrileño quería conseguir la hegemonía perdida en Europa y volver a conquistar el preciado trofeo. Se presentaba una final discutida. Pero los 68.000 espectadores que acudieron al estadio Olímpico de Ámsterdam estaban convencidos, a pesar de que el Benfica era el campeón, que iban a asistir a otro triunfo del Real Madrid.

Pero el partido no se disputó como la gente esperaba. La juventud y rapidez de los lisboetas marcaban la diferencia ante un equipo madrileño que estaba envejeciendo y que estaba lanzando sus últimos destellos esa noche. El Real Madrid ya no ofrecía ese juego tan vistoso que le había llevado a conseguir cinco Copas de Europa consecutivas.

Además de todo esto, los lisboetas contaban con la inestimable presencia de un joven jugador que había venido de África, de Mozambique, y que estaba haciendo las delicias de todos, Eusebio. Ese día empezó a entrar en la leyenda de los grandes jugadores, marcando los dos goles decisivos para su equipo. El Benfica se impuso por 5-3 al Real Madrid. Al término de los primeros cuarenta y cinco minutos estaban 3-3 pero Eusebio se encargó de deshacer la igualada.

No hay dos sin tres

El equipo ya había entrado a formar parte de los grandes en Europa. A partir de ese momento, ya tomaban en serio al equipo. Pero suelen decir que no hay dos sin tres. Y el Benfica se encontró con su tercera final consecutiva. Muchos decían que podría llegar a conseguir el nivel del Real Madrid con sus cinco Copas consecutivas.

El rival en esta ocasión era el Milán. Este año no había ningún equipo español en la final. El partido se celebró el 22 de Mayo de 1963 en el estadio de Wembley, en Londres, ante 55.000 espectadores.

Mal empezaron las cosas para los lisboetas. Eusebio marcaba primero y sin duda era un mal augurio para el equipo ya que en las dos ocasiones anteriores habían ido por detrás del marcador y habían remontado el partido. Pero Altafini con dos goles crucificó al portero Costa Pereira. Era el fin de un sueño que no se había hecho realidad: el poder conseguir el triplete.

Periodo de inestabilidad

A partir de este momento y coincidiendo con la dimisión de Guttmann, se va a iniciar un período de inestabilidad en el equipo. El club no encontraba el hombre idóneo para la dirección técnica y cambiaban constantemente de entrenador.

El chileno Fernando Riera sucedió a Guttmann y le dio al equipo nuevamente el título de Liga. Pero el fracaso ante el Milán en la final de la Copa de Europa le llevó a abandonar el club.

Tras su marcha fue otro húngaro el que ocupó la dirección técnica del equipo, Lajos Czeiler, que nuevamente le brindó el título nacional al Benfica. Pero la Copa de Europa sería otra vez el verdugo, el Benfica cayó eliminado por los alemanes del Borussia de Dortmund en octavos de final.

Posteriormente llegaría el alemán Eleck Schwartz que conseguiría, al igual que sus antecesores, el título de Liga. Pero lo verdaderamente importante para el club era la Copa de Europa. Schwartz llevó al equipo portugués a una nueva final europea.
Esta vez no lo tenía nada fácil para volver a conquistar la Copa de Europa. Era el 27 de Mayo de 1965 y el partido se iba a celebrar en el Estadio San Siro de Milán, campo del que era propietario el equipo rival, el Inter.

Esa noche en Milán llovía a cántaros. El Inter, campeón en la anterior edición de la competición europea, partía con ventaja. El Benfica había eliminado en esta ocasión a los luxemburgueses del Aris Bonnevoie, a los suizos del Chaux-des-Fonds, al Real Madrid y a los húngaros del Vasas-Gyoer.

Definitivamente, el Benfica no tenía suerte a la hora de disputar una final. El equipo lusitano tuvo que disputar casi todo el encuentro con diez hombres por la lesión de su defensa central Germano, quien tuvo que abandonar el terreno de juego. El ínter ganó gracias al solitario tanto marcado por el brasileño Jair. El Benfica perdía una nueva oportunidad para ser campeón de Europa.

Tras esa derrota vendría la destitución de Schwartz, e iban... Para ocupar su puesto volvió a contar con Bela Guttmann, técnico húngaro con el que conquistaría el Benfica su primera Copa de Europa.

Pero Guttmann ya no era el de antes. Tenía 65 años y ya no poseía la habilidad de años anteriores. No pudo conseguir ningún milagro, es más, no quedó campeón de Liga y fue eliminado en cuartos de final de la Copa de Europa, esta vez por el Manchester United.

Los dirigentes del Benfica decidieron volver a llamar a Fernando Riera, pero él también fracasaría. El equipo obtuvo, sin embargo, el título en 1967, pero fue eliminado de la Copa de Ferias por el Lokomotiv Leipzig, así que no terminaría la temporada que había comenzado, la 67-68. Riera sería reemplazado por otro clásico del Benfica, Otto Gloria. Era la época de la vuelta de los clásicos.

Quinta final europea

Gloria supo conducir al equipo a una nueva final de la Copa de Europa, y ya iban cinco. El equipo luso no pudo volver a conquistar una nueva Copa, esta vez frente al Manchester United.

Definitivamente, el Benfica no tenía suerte. Después de enfrentarse, hacía tres años, al ínter en su campo, esta vez sería frente al Manchester United y en el estadio de Wembley, en Londres, que se podía considerar casi su casa. Estadio de por sí maldito para el Benfica, derrotado aquí mismo cinco años antes por el Milán.

El Manchester, que por aquel entonces estaba dirigido futbolísticamente por Bobby Charlton, se iba a imponer por 4-1. Charlton sería autor de dos goles, el primero y el que cerraba el marcador. Igualmente se encontraba en el equipo el irlandés Georges Best, autor de otro tanto.

Nuevo entrenador inglés

Tras la marcha de Otto Gloria a mediados de temporada y la sustitución, sólo hasta final de temporada de José Augusto, se haría cargo del equipo un nuevo técnico extranjero, esta vez sería inglés, Jimmy Hagan. Desde la época de Guttmann, Hagan fue el primer entrenador en ocupar su puesto durante varias temporadas seguidas.

Ganó tres veces consecutivas el campeonato de Liga y los dirigentes no le reprocharon sus modestas actuaciones en competiciones europeas. Aunque llegó hasta las semifinales de la Copa de Europa en 1972, cayendo eliminado ante el Ajax.

A pesar de estar tres años en el banquillo, llegó la hora del cambio para Hagan. Su puesto iba a ser cubierto por un tándem formado por viejos conocidos de la entidad. Así, Cabrritta y Otto Gloria se hacen cargo de la dirección técnica del Benfica. Esto va a suponer una nueva etapa de cambios continuados en el banquillo luso.

Renacimiento del equipo

El renacimiento del equipo coincidió con la llegada del entrenador sueco Sven Goran Eriksson. Era la temporada 81-82. El técnico sueco llegó a Lisboa con la aureola de un gran entrenador europeo y con mentalidad campeona. Acababa de ganar la Copa de la UEFA con el Goteborg.

Eriksson logró obtener una extraordinaria simbiosis con las cualidades de los jugadores portugueses. Benfica ganó ese mismo año el título de Liga y llegó hasta la final de la Copa de la UEFA, contra el Anderlecht. Otra nueva oportunidad que volvió a desaprovechar.

Hacía ya catorce años que el Benfica no disputaba una final europea. El Benfica iba a empatar en el estadio de La Luz a uno, perdiendo en el partido de vuelta por 1 -0.
Muchos entrenadores, sobre todo extranjeros, habían pasado por el Benfica y ninguno había conseguido llegar de nuevo a la final de la Copa de Europa.

Tuvo que ser un técnico de la casa que durante siete años se había formado a la sombra de todos los entrenadores que habían pasado durante este tiempo por el club (Eriksson, Ivic, Mortimore, Csernai...). Su nombre, simplemente Toni.
Toni logró la hazaña de llevar al Benfica a una final de la Copa de Europa, veinte años después de la última final que disputó.

Los penaltis decidieron

Veinte años después de Wembley, se encontraba el Benfica en el Neckarstadion de Stuttgart, para disputar esa final tan añorada durante esos años, y en frente el PSV Eindhoven. Los portugueses para llegar a esa final habían eliminado al Partizan Tirana, a los daneses del Aarhus, al Anderlecht y a los rumanos del Steaua de Bucarest.

La final fue mediocre. Disminuidos por varias ausencias como consecuencia de las lesiones, los portugueses no lograron imponerse a un equipo holandés, que disputaba la final sin haber ganado ningún partido. No se marcó ningún tanto y tuvo que ser a través de los penaltis para conocer el nuevo campeón. Los holandeses ganaron 6-5 en la tanda de penaltis.

El equipo portugués formaba con: Silvinho, Veloso, Dito Mozer, Alvaro, Elzo, Chiquinho, Sheu, Pacheco, Magnussen (Hajri), Rui Aguas (Wando).
Toni, rompiendo la costumbre del equipo luso, de final perdida, entrenador nuevo, continuó en su cargo y logró un nuevo título de Liga en 1989. Pero a la temporada siguiente fue sustituido por otro conocido, Sven Goran Eriksson.

Éxodo de jugadores brasileños

Durante estos últimos años, el Benfica ha tenido su punto de mira hacia el mercado brasileño. Si en otra época, se dirigía a los países africanos, en estos últimos, el equipo ha visto cómo se han incorporado gran número de brasileños. ¿La razón?, sencilla.

El reglamento portugués permite la incorporación de estos jugadores, sin que ocupen plaza de extranjeros, ya que se pueden beneficiar de la doble nacionalidad. Así, se han podido ver en el Benfica jugadores brasileños internacionales tales como Mozer, Lima, Elzo, Ricardo y Valdo. Jugadores que daban al equipo un aire puramente brasileño.

A todos estos, habría que añadir a los angoleños o los europeos que han fichado estas últimas temporadas, como Magnusson, Thern, etc.
Con toda esta mezcla de jugadores y bajo la dirección de Eriksson, el Benfica llegaría, de nuevo, a otra final de la Copa de Europa. Esta vez frente al Milán, en el Prater de Viena. Una nueva desilusión para los aficionados, que veían como su equipo llegaba una vez más a disputar la final y no conseguía la Copa. Esta vez perdió 1-0 frente al Milán.

Pero a pesar de todas las desilusiones que el Benfica da a sus aficionados, estos, cada vez se encuentran más identificados con el equipo. Sus cerca de 90.000 socios, son ante todo una familia, una gran familia, cuyos vínculos no se aflojan nunca.
Esta familia vería como a la temporada siguiente (90-91), su equipo volvía a llegar a lo más alto de la competición y era eliminado por el Marsella, en semifinales.

Una nueva victoria para la temporada, pero que no conseguía hacer realidad el sueño de todos los aficionados lusos, que ven como una y otra vez, su equipo pierde los partidos en los momentos claves, la final.

La década del noventa no fue la mejor para el equipo lisboeta pues a nivel deportivo solo obtuvo el Torneo de Primera división en las temporadas 1990/91 y 1993/94 y la Copa de Portugal en las ediciones 1992/93 y 1995/96. Parecería mucho para cualquier institución pero no lo es para unas águilas sedientas de triunfos y que venían de una década del 80 por demás exitosa.

Hacia la temporada 1998/99 preside el club João Vale e Azevedo. En Octubre de 2000, hay elecciones para presidente del club, en donde Vale e Azevedo fue sustituido por Manuel Vilarinho, quien fue presidente de la entidad durante tres años y fue sustituido por Luis Felipe Vieira, en Noviembre de 2003. Días antes, el 25 de Octubre, el Benfica inauguró el nuevo estadio de la Luz, el cual fue elegido para la fase final de la Eurocopa 2004. El festival estuvo marcado por la inauguración del mismo con un partido en el que Benfica ganó 2 a 1 a Nacional de Montevideo.

La actualidad

La historia reciente del Benfica quedó marcada por la trágica muerte de su jugador húngaro Miklos Feher durante un partido en 2004. El título de liga logrado al año siguiente fue el mejor homenaje al querido futbolista y el último conquistado por el equipo lisboeta.

El Benfica es el club de fútbol con mas socios de todo el mundo (Libro Guinness de récords mundiales, 2006). En 2007 contaba con 167.000 socios por lo que queda delante del FC Barcelona (150.000), Bayern de Munich (125.000) y Real Madrid (85.000).

Disputa el Clásico de Lisboa contra el otro club de la ciudad, el Sporting. Además, el Benfica tiene equipos profesionales de baloncesto, balonmano, fútbol sala, voleibol, hockey patines y rugby, deportes en los que también está considerado uno de los mejores clubes de su país. Cuenta, además, con profesionales en las modalidades de Atletismo, Billar, Capoeira, Ciclismo, Gimnasia, Golf, Judo, Natación, Pesca, Tenis de mesa, Tiro con arco y Triatlón.

A lo largo de su historia, el Sport Lisboa e Benfica recibió del Gobierno muchas condecoraciones por su labor deportiva y social, entre ellas: Comandante de la Orden Militar de Cristo, Revista de la Cruz de Benemerência, la Cruz Roja de Benemerência, Medalla oro y Mérito de viajes, Medalla del Mérito Deportivo, Medalla de Oro de la ciudad de Lisboa y la Medalla de la Orden del Infante D. Henrique.

En 2008 la UEFA deniega, en un principio, al FC Oporto en la Liga de Campeones por sobornar a árbitros, por lo que es admitido el Benfica. Unos días más tarde La UEFA rectifica y de nuevo readmite al FC Porto en lugar del Benfica.

Tras la retirada del jugador emblema del club, Rui Costa, ahora director deportivo de la entidad, la temporada 2009 encuentra al club dirigido por el técnico, procedente del Braga, Jorge Jesús y que con figuras de gran experiencia internacional aspiran a desbancar al Oporto del pedestal conquistado en los últimos tiempos.

El vuelo del águila

Una de las grandes curiosidades del club es la tradición que mantiene viva antes de cada encuentro. El águila Vitória sobrevuela el Estadio da Luz antes del pitido inicial y termina posándose en lo alto del escudo del club. Dicen que si el ave da dos vueltas, el Benfica ganará, mientras que si sólo da una, el partido lo ganarán los visitantes.



El Estadio

El Estadio del Sport Lisboa e Benfica o Estadio da Luz, localizado en Lisboa, fue sede de varios partidos durante la Eurocopa de fútbol 2004, incluyendo la final. El estadio fue totalmente reconstruido para el torneo, alcanzando su capacidad actual de 66.500 lugares. El arquitecto, Damon Lavelle, diseñó la construcción de forma tal que se aprovecha el máximo de luz natural posible.

Su clasificación como "estadio de 5 estrellas" por parte de la UEFA le permite albergar las finales de los principales torneos de fútbol en Europa. En el Estadio da Luz original, inaugurado en 1954, se disputó la final de la Supercopa de Europa, ante 120.000 espectadores.

Palmarés

Torneos nacionales

* Primera División de Portugal (32): 1935/36, 1936/37, 1937/38, 1941/42, 1942/43, 1944/45, 1949/50, 1954/55, 1956/57, 1959/60, 1960/61, 1962/63, 1963/64, 1964/65, 1966/67, 1967/68, 1968/69, 1970/71, 1971/72, 1972/73, 1974/75, 1975/76, 1976/77, 1980/81, 1982/83, 1983/84, 1986/87, 1988/89, 1990/91, 1993/94, 2004/05 y 2009/10

* Copa de Portugal (24): 1939/40, 1942/43, 1943/44, 1948/49, 1950/51, 1951/52, 1952/53, 1954/55, 1956/57, 1958/59, 1961/62, 1963/64, 1968/69, 1969/70, 1971/72, 1979/80, 1980/81, 1982/83, 1984/85, 1985/86, 1986/87, 1992/93, 1995/96 y 2003/04

* Supercopa de Portugal (4): 1979/80, 1984/85, 1988/89 y 2004/2005

* Campeonato de Portugal (1921/22 y 1937/38) (3): 1929/30, 1930/31 y 1934/35

* Copa de la Liga portuguesa (1): 2008/09

Torneos internacionales

* Copa de Europa (2): 1960/61 y 1961/62

* Copa Latina: 1949/50

* Copa Ibérica: 1983





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La cancha de Central Ballester desapareció: se la llevó una villa. No es una metáfora, fue una realidad.
La historia la cuenta Fernando González, el presidente de este club que juega en Primera D y es el único afiliado a la AFA que, además de estadio, tampoco tiene sede: "Somos el club más pobre del país, pero lo que nos pasó con la cancha fue por mala suerte. Cuando ascendimos a la C, en 1996 -continúa González-, la AFA clausuró momentáneamente nuestro estadio, que quedaba en José León Suárez, al lado de la villa La Cárcova. Entonces tuvimos que alquilar la cancha de Colegiales y notamos que La Cárcova empezó a crecer. Pero creció tanto que un día, aprovechando que nuestro estadio no se usaba, los ocupantes del asentamiento rompieron el alambrado, entraron al campo de juego, tomaron el terreno y se instalaron. Nunca más pudimos jugar ahí. La cancha desapareció, no queda nada".
La toma del estadio también amenaza a otros clubes, como a Barracas Central, de la Primera C, cuyo estadio está ubicado en las proximidades de la villa 21. Según un folleto repartido por vecinos de Barracas y Parque Patricios, "los dirigentes del club se turnan para dormir dentro de la cancha porque corre peligro de ser tomada. Ya hubo enfrentamientos con muchos heridos". Pero, hasta ahora, Barracas resiste.
En cambio, desde que su estadio desapareciera, Central Ballester se convirtió en un paria que va de un lado a otro. Ahora alquila el estadio de FC Urquiza, curiosamente llamado ‘El Monumental’ de Villa Lynch, que tiene capacidad para 500 personas y un palco de prensa, escrito en inglés -press-, con cuatro sillas.

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Siempre pensé que hay que tratar a la pelota como a una mujer. Acariciándola, dándole cariño y tomándote el tiempo necesario. Es la mejor manera de obtener la respuesta adecuada.

(JIM BAXTER, internacional escocés de los años sesenta)

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Pelé fue el físico como una postal del perfecto biotipo de un futbolista. Una enciclopedia técnica, una visión panorámica, una inteligencia hecha para jugar al fútbol. Uno de esos jugadores que amaron y nos ayudaron a amar este juego. Miles de partidos, de aplausos, de goles. Un mito construido entre lo que vimos, lo que nos contaron y lo que imaginamos, porque Pelé perteneció a un tiempo en el que aún existía el misterio. Mientras estuvo dentro de la cancha, sólo pudimos quererlo, después… qué importa el después.

(JORGE VALDANO, ex futbolista y entrenador argentino)

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El 22 de Enero de 1939, en Río de Janeiro, la selección argentina enfrentó a Brasil en un partido válido por la Copa Roca. Una semana antes, en el primer cotejo, el triunfo de los argentinos había sido contundente ganando por 5 a 1. En el desquite había cierto clima de violencia.
El marcador tuvo alternativas cambiantes. Comenzó ganando Brasil con un gol de Leônidas da Silva, pero dos tantos sucesivos de Bruno Rodolfi y Enrique García dieron ventaja parcial a los visitantes. Empató Brasil, ya en el segundo tiempo, con un gol de Adílson y faltando cuatro minutos para el final del encuentro el árbitro brasileño Oliveira Monteiro sancionó un penalti para los locales que los argentinos protestaron por considerar inexistente.
Fue entonces que tomaron la determinación de abandonar la cancha, mientras el jugador Peracio con el arco desguarnecido ejecutaba el penal y convertía. El partido lo ganó Brasil por 3 a 2 pero los jugadores argentinos no estaban dentro del campo de juego cuando el último tanto fue convertido, en un hecho verdaderamente insólito. Puesta la pelota en el medio del campo, y luego de reanudado el partido, el árbitro dio por finalizado el encuentro.
Argentina regresó días más tarde a Buenos Aires... con la Copa Roca que no quisieron entregar porque consideraron que no correspondía dársela a los brasileños...

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29 fechas sin victorias (Claudio Cherep - Argentina)


Al Toni, que supo tirarle caños a los Falcon verdes



I

Hay quienes no entienden la pasión. Son aquellos tipos que preguntan con gesto taimado: “¿pero cómo podés ser hincha de Laferrere?”. O, trasladado al pago de Santa Fe, el desprestigio que supone para los que quieren administrar los sentimientos como si fueran un estudio contable, que alguien, en lugar de ser hincha de Colón o de Unión, sea un fanático de Gimnasia de Ciudadela, de Nacional o de Pucará. El Andrés, o el Flaco Precona, era un muchacho que no concebía el amor repartido. Siempre les decía a los amigos que no los entendía, que eso de ser de Colón y Boca no iba. Que adorar en el barrio a Sportivo Guadalupe y a Unión, no tenía sentido, que se era de un equipo o de otro.

Muchas veces ponía un ejemplo que los dejaba a todos conviviendo con la duda. Les decía que no se podía amar a dos mujeres. Que uno se podía levantar todas las minas del mundo, pero que amaba sólo a una. Que un levante era como festejar un gol de otro equipo porque fue un golazo, una jugada digna de ser festejada. Pero que no por eso uno se iba a hacer hincha de ese equipo. Y además, que si uno para ser hincha cotejara los campeonatos ganados, la cantidad de hinchas, la historia y la infraestructura del club, sólo dos equipos por país tendrían fanáticos, y sólo Graciela Alfano y Susana Giménez tendrían enamorados.

-¿Qué pasa si un día juegan Guadalupe y Unión?, qué, van a alentar un tiempo para cada uno, pajeros- les discutía el Flaco y se le inflamaban las venas.

Para colmo, el Andrés, no era fanático de Boca o de River. Tampoco de Colón o Unión. Ni siquiera de San Cristóbal o Ciclón Racing, equipos módicos de la Liga local. No. El Andrés era hincha solamente del Sportivo Desfachatados, el club del barrio que había fundado su padre en la zona de Sargento Cabral. Un equipo sin aspiraciones, que no tenía sede ni cancha, que en realidad, consistía en los once titulares que se juntaban para participar de una liga tipo la Amistad Deportiva o la Cordial, con dos o tres suplentes, porque nunca juntaban cinco y con un derrotero de caídas similar al del equipo de San Vicente que imaginó Dolina, conocido como el cuadro de las mil derrotas.

O sea, el Desfachatados era un equipo para tomárselo en joda, para juntarse a jugar con los amigos y no hacerse problemas mayores.

Los muchachos que lo integraban eran desocupados, tenían empleos de paga indigna, se habían separado, mantenían a los padres, en fin, podían esgrimir más de cien motivos como para tomarse para la chacota al Sportivo Desamparados.

-Flaco, déjate de hinchar las pelotas. Te vas a morir antes de cumplir los 30 si te tomas esto tan a pecho. No seas boludo-, se escuchaba a menudo en la antesala de algún partido sabatino.

-Claro, con ese criterio, no lavo las camisetas porque ésto es joda, no pago la cuota en las reuniones de la Liga porque ésto es joda, no mangueo el “bolo” a los de la Vecinal porque ésto es joda. Y entonces en lugar de jugar los sábados, en lugar de jugar, qué mierda hacemos! ¿Me quieren decir qué mierda hacemos?

El Andrés pensaba que el hecho de poder juntarse a jugar con los amigos era determinante para amar única y solamente al Sportivo Desfachatados. Entendía las reuniones de los sábados como una tarea realizadora.

No era marxista y lejos estaba de serlo, pero consideraba que el verdadero ocio creativo se canalizaba en esos muchachos -la mayoría obreros- en un partido de fútbol por semana. Y no había con qué darle al Andrés cuando se trenzaba a defender sus ideas. Su padre, un peón de la construcción, de orígenes anarquistas, lo había criado entre cuentos de Tolstoi y leyendas de Saco y Vanzetti. Su madre, una gringa tozuda y laburante, le había legado esa herencia de genes protestones que se imponían casi siempre de la mano de la tan mentada prepotencia de trabajo que se le ocurrió a Roberto Arlt. Él, nada de otro mundo: laburaba en una imprenta, lavaba y secaba la camiseta del cuadro a mano y silbando una canción de Sandro a la que él mismo le había cambiado la letra.

Esperaba los partidos del sábado un rato después de que éstos terminaran. Y militaba. Porque sí, porque creía que había que cambiar el mundo. Porque se acordaba del día que a su viejo lo echaron a patadas de la constructora después del '55. Porque era joven y tenía fuerzas. Porque estaba convencido. 0 porque no lo estaba pero gustaba de nuevas búsquedas. Por lo que quiera que sea, el Flaco militaba...

II

-Che, este Flaco es más raro que un tatú mulita caminando por la peatonal San Martín, decía el Loco Zubieta, bromista internacional, mientras se cambiaban en el vestuario.

-Sí, para mí que el Flaco va a terminar comiéndosela, ja ja ja, contestaba el arquero, el Urso Molinari.

-Muchachos, hay que parar de darle cuerda al Flaco. Un día de éstos, lo vamos a hacer entrar como siempre y el tipo, en lugar de los botines, va a sacar de ese bolso Poni que tiene, porque el hijo de puta tiene un bolso marca Poni, ¿lo vieron?, ¿cómo va a tener un bolso Poni?, pero va a sacar una ametralladora y no va a quedar uno acá, ja ja ja.

-Sabes qué podemos decirle hoy al Flaco? Vamos a decirle que dejamos de jugar. Que estamos podridos de no ganarle a nadie. Nos plantamos y se muere, ja ja ja.

-No. Déjate de romper las guindas. Después te lo tenés que aguantar al Flaco explicándote tres horas que es mejor jugar, que el resultado es lo de menos, que lo bueno es que desde este tipo de confraternidad se han gestado grandes cosas.

Era rutina en el camarín improvisado entre dos autos viejos colocados en «ele», este tipo de charlas.

-¿Ché, vieron que el Andrés anda siempre con libros raros?- preguntó el “Manteca” Fernández, wing derecho del Desfachatados.

-Sí. Que querés. Si no, de dónde va a sacar merca para engrupimos a nosotros... ja ja ja., contestaba el Loco Zubieta…

-¿Los entenderá el Flaco? tiró la piedra el Feo De Diego, que jugaba de “3”.

-Sí. Eso seguro. El Flaco estará medio chiflado con los brolis, pero que los entiende los entiende. Además es un tipazo. Hablando en serio, si el Flaco no estuviera acá, no se juega.

-Sí. Y si no fuera por él no hay asados de camaradería.

Al Flaco Andrés lo quería todo el mundo, eso estaba claro. Muchas veces les decía a los vagos que no daba más, que alguna vez tenían que ganar un partido, aún contradiciendo su lógica noble de jugar por jugar. Porque en la imprenta de los Cotone, donde laburaba, lo cargaban hasta los que pasaban vendiendo cubanitos. A veces se plantaba y decía que no iba a pagar la inscripción. Pero todos sabían, aún sin consultárselo entre sí, que después el Flaco sacaba del aguinaldo, “ese aguinaldo que nos legó Perón”, decía el Flaco, y pagaba para que pudieran seguir jugando. Y no era que los otros lo vivían al Andrés. Para nada. Francamente, los muchachos no podían poner una moneda. Llegaban a fin de mes con lo justo. Si lo querían con mierda y todo al Flaco.

Un día, el día que motivó esta historia, en el vestuario siempre improvisado, el Narigón Villalba, un volante de sacrificio al que casi no le conocían la voz, se plantó en firme:

-Loco, hoy tenemos que dejarnos de romper los huevos y tenemos que ganar. Mañana es el cumpleaños del Flaco y llevamos 29 partidos sin romper un culito. Tenemos que ganar por él.

Las voces se siguieron sumando, adherentes, eufóricas, mientras lo esperaban porque el Andrés siempre llegaba tarde, siempre tenía algo que hacer.

-Vamos a hacer una cosa: ganamos, nos hacemos los boludos, nos vamos como sin saber que mañana el Cofla está de festejos y a la noche le caemos todos a la casa, a eso de las 12, para recibir el día del cumpleaños- apuntó el Tape Cosentino.

-No, boludo. Estás loco. Si el Flaco es más sensible que uña de meñique. Mira si se nos muere ahogado en llanto, ja ja ja- descomprimió la situación el Loco Zubieta.

-Y si justo se le da por culiar y le arruinamos el estofado? bramó, ordinario, mientras se enrollaba una venda agujereada, el Tato Volpogni, volante central.

Era verdad. El Sportivo Desfachatados, el cuadro de las camisetas negras y blancas, el único gran amor de Andrés, la formación que desvivía al Flaco, la que le hacía latir el corazón como una pelea de Monzón, estaba de mal en peor. Llevaba 29 fechas sin ganar, y en tiempo, contemplando que la Liga jugaba aproximadamente 12 partidos por rueda, estiraba la cifra a más de un año. Si Alejandro Fabbri hubiera comentado los partidos por aquellos tiempos, seguro hubiera dicho algo así:

-Ingresa a la cancha el Sportivo Desfachatados, con una deshonrosa marca de 24 traspiés y sólo 5 empates, habiendo convertido en ese lapso apenas 8 goles, siendo que su arquero, el Urso Molinari, ha recibido 83. El último gol de Desfachatados fue convertido por el full back Rulo Sarito, mediante la ejecución de un tiro libre que se desvió en la barrera.

III

El Flaco Andrés tenía una novia. Una novia a la que le desconfiaban los amigos. “No te conviene esa chica, anda en política, Y las minas no son para la política, Flaco”, le batían de la Susana, una militante de la Juventud Peronista. “Las minas son para la casa, boludo, ¿o vas a lavar bombachas y corpiños cuando te cases? Mirá que no es lo mismo que camisetas del Sportivo, che!”, le decía el Loco Zubieta. Se habían conocido en la parada del colectivo. Una típica historia de barrio. Él que esperaba el “1” en Rivadavia. Ella que salía del kiosco del Negro Luna, donde se empleaba. Un par de colectivos que no pasaron a tiempo. Un día él que la ve con un libro de Hernández Arregui; le pregunta sobre el autor con honestidad, sin segundas intenciones, más interesado en la lectura que en los pechos prominentes de Susana, y después historia conocida...

La Susana y el Flaco se llevaban bastante bien. Era cierto que ella militaba en la Juventud Peronista.

-Vámonos a la mierda, Flaco, le decía ella cuando volvía quebrada de su trabajo voluntario en la villa- este país no da para más.

-Hay que aguantar, Negra. Ya va a volver el Viejo. Hay que aguantar...


Nadie lo sabe bien pero se cree que el Flaco, entre los motivos nunca confesos por los que se negaba a abandonar el país, no sólo estaba la eventual vuelta del líder de los trabajadores, sino también su Sportivo Desfachatados.

La Susana estaba convencida de que esa dosis de infantilismo barato que invadía al Flaco cuando hablaba del equipo, lo iba a abandonar un día, sobre todo ahora que era un tipo grande. Pero nada más desacertado. El Flaco Andrés seguía empecinado con la idea de la amistad y la solidaridad expresadas a través de un equipo. Y, sobre todo, con la íntima convicción de que un sábado de éstos se iba a cortar la serie de 29 partidos sin victorias.

En la canchita, los muchachos seguían con la alegría de siempre, la alegría que solo brinda un fin de semana cambiándose para ingresar aunque más no sea a un partido barrio contra barrio, esa sensación de libertad y regocijo del alma que solo pueden explicar los que alguna vez se calzaron los cortos.

-Qué le pasa a este pelotudo que no viene, dijo el Loco Zubieta, serio por primera vez.

-Se debe haber quedado cachucheando con esa mina que lo llevaba loco. A la minita no le gusta el fútbol. Así que en cualquier momento el Flaco nos deja.

-Eyyy, Pájaro -le dijo el Tato a Martín Valverde- si el Flaco se demora prepárate que entrás vos.

-Pero la concha de su madre. Es pelotudo o qué este Flaco? Si él tiene las camisetas, la puta que lo parió.


Y el pitazo del Colorado Retamar, el referí, sonó un par de veces, escoltado por los dos jueces de línea y los dos policías que la Liga pagaba por si los muchachos se pasaban de pasión, indicando que no había más margen, que había que empezar. Al Colorado Retamar le decían Harry Hartles, porque era parecido al referí inglés que se hizo famoso dirigiendo en la Argentina entre el '48 y el '54. Y la verdad es que tenía puntualidad inglesa.

Además, no se podía demorar el partido, porque después había dos más y los iba a agarrar la noche. La cancha no tenía luz y el barrio era peligroso, sobre todo para el árbitro, o para cualquier otro uniformado que osara visitar la zona.

Así que los muchachos tuvieron que salir a la cancha con unas camisetas que le prestaron los del partido anterior, con un olor a zorrino espantoso y con las maldiciones a mano para Andrés, al que, evidentemente, el amor lo tenía bastante pelotudo.

Como por un extraño designio, a Desfachatados se le presentó demasiado fácil el partido con Laboratorios Yerutí. A los 15 minutos ya ganaban dos a cero, aunque la mala puntería seguía con la banda de Andrés: ambos tantos fueron en contra y convertidos por el “4” de ellos, el experimentado Pablo Storani.

-Por qué no viene ese pelotudo..., tuvo tiempo para preguntarle el Loco Zubieta al alemán Albrecht, que jugaba de “6”.

Siguió el baile y se sucedieron los goles. Cuando Zubieta anotó el quinto para darle al marcador cifra de goleada histórica, todos lo buscaron al Flaco para abrazarlo y regalarle un triunfo que era para el disfrute del cuadro, sí, pero que se había concebido como regalo de cumpleaños del tipo con fama bien adquirida de imprescindible.

Ni ellos ni la Susana sospechaban que la dictadura de Videla lo había secuestrado aquella tarde nublada de 1976 cuando se dirigía a la canchita de Scarafía. Le encontraron un bolso con un par de botines gastados, una camiseta del Huracán del '73 que un tío le había acercado de manos de Carrascosa, un desodorante, un peine y una copia a mimiógrafo de la Carta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh. Lo ataron con el cordón de los botines y lo cargaron en el baúl de un Falcon sin patente.

Desfachatados ganó 5 a 0. 25 años después lo siguen buscando.


(extraído del libro “Hambre de gol”)

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En Carlos Bianchi se destaca la simpleza para dirigir; una vez me dijo que él prefiere darle a los jugadores una orden sola para que la cumplan, y no diez para que cumplan cinco.

(ROBERTO PERFUMO, ex futbolista y entrenador argentino)

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Estoy animado, estoy tan feliz que podría volar a casa, al igual que Superman.

(DAVID BENTLEY, futbolista inglés, después de un Tottenham 4 - Arsenal 4)

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Era un sueño (Iñaki Gálvez Ciria - España)


Ya era de día y el sol se hacía notar en la habitación porque las ventanas no tenían persianas. Khaled abrió los ojos ayudado por la claridad que inundaba la habitación pero los volvió a cerrar porque el sol le cegó sus ojos deslumbrados por la luz que le daba en la cara. Estando despierto pero con los ojos cerrados comenzó a pensar y los pensamientos, recuerdos y momentos, buenos momentos que a él le hacían sentirse bien, llenaron su cabeza.

Casi siempre su pensamiento y sus buenos momentos eran los mismos: el fútbol, su equipo en la aldea. Sí, él jugaba y todos en el pueblo decían que muy bien, que algún día llegaría a jugar en Europa, aunque a él no le gustaba que estuvieran continuamente diciéndoselo, en su cabeza se había construido un futuro en el que el fútbol tenía sitio preferente y, además, con ello ayudaría a su familia y saldrían de este país sin presente ni futuro, porque la única ocupación y preocupación de la gente de la aldea era vivir, y para él, además, jugar al fútbol. En realidad, para él y los chicos las prioridades estaban cubiertas jugando al fútbol todo el día.

Khaled era el mejor de la aldea, todos querían que estuviera en su equipo, incluso se comentaba que iban a venir cazatalentos de equipos de Bélgica para verle jugar, pero él no sabía dónde estaba ese país ni acababan de llegar nunca esas personas. En su cabeza siempre goles, los goles que él marcaba; los repasaba siempre mentalmente una y otra vez en su cabeza y los celebraban como habían visto en la tele a los jugadores de Europa, en la única tele que había en veinte kilómetros a la redonda y cuyo único uso que tenía era mostrar fútbol. Era alrededor de aquel aparato donde chicos y hombres se reunían a ver partidos y los seguían como si de un evento religioso se tratase, en silencio, hasta que cualquiera de los dos equipos marcaba un gol que se celebraba sin más, ya que sus cabezas no estaban viciadas con sentimientos fanáticos de ningún equipo. Celebraban el fútbol, que para ellos ya era bastante.

A Khaled le gustaba pensar que algún día se reunirían a celebrar sus goles; ésos goles sí que los celebrarían y no los de los dos equipos contrarios. Eran los sueños de un chico de quince años que había visto cómo mucha gente de la aldea se había marchado de allí, porque la única posibilidad que existía en ese lugar era vivir, vivir sin más; prosperar en esa tierra era muy difícil, lo sabían los que se marchaban y también los que se quedaban, unos porque no podían y otros a los que su cabeza y su alma no les dejaban. Era irónico que ellos se reunieran alrededor de una televisión para ver lo que ocurría en Europa con la misma actitud que un europeo ve en la televisión las noticias de la carrera espacial en Marte, algo tan lejano, inalcanzable.

Para Khaled el fútbol era el sueño de la oportunidad que el deporte rey en todo el planeta da a cualquier persona, sea de la raza y condición que sea. Él, además, era muy bueno, ningún chico de la aldea conseguía arrebatarle la pelota sin hacerle caer al suelo y todos le tenían mucho aprecio y esperanzas puestas en él.

A Khaled le gustaban estos momentos en los que con su cabeza, con sus pensamientos y con sus sueños todas las penurias del día desaparecían y se convertían en jugadas increíbles, goles que cualquier jugador profesional firmaría, celebraciones con todos sus amigos como si hubieran ganado la Copa de Europa. Estos pensamientos sólo estaban en su cabeza; cuando abría los ojos volvía al lugar que le correspondía, una aldea pisoteada por la guerra, desolada por la emigración masiva en una huida hacia ninguna parte, siempre hacia delante y sin rumbo, y su vida, la de un chico sin oportunidades.

Ya con los ojos abiertos miró a su lado y vio a todos los pacientes con los que compartía habitación, una gran habitación con veinte camas. Todos dormían todavía, pero a él la cama ya no le podía agarrar; se sacudió la manta y las sábanas de un manotazo y con un rápido movimiento se quedó sentado en el borde de la cama y sus muletas quedaron apoyadas frente a él en una silla; se estiró, las cogió y, apoyándose sobre ellas, cargó el peso de su delgado cuerpo sobre ellas y se levantó.

Ya de pie, un nudo en el estómago hizo que le temblaran sus brazos y sintió como si un gran peso aplastara su cuerpo contra el suelo, sensación que se repetía todas las mañanas del último mes. Su mirada perdida por los nervios se dirigió hacia el suelo y se atrevió a comprobar lo que tanto le aterraba ver todas las mañanas y que vería el resto de las mañanas de su vida: con el miedo agarrado en su interior como si se le hubieran fijado los tentáculos de un pulpo, vio su pierna izquierda apoyada en el suelo cargando todo el peso del cuerpo y, en su derecha, el hueco que una maldita mina había dejado entre su rodilla y el suelo. Es lo que vería siempre aunque su cabeza intentara borrarlo, cuando volviera a abrir los ojos el hueco estaría allí. Una mina, una guerra, gente con unos sueños sucios que no eran limpios como los suyos, sueños de un niño. Y pensó: “malditas minas, maldita guerra, yo sólo quería jugar al fútbol y tener mi oportunidad como todos los chicos del mundo”.

Eso era lo que quería él, no ganar una guerra ni dominar un país ni hacer daño a un desconocido que no le ha hecho ningún daño, sino dominar una pelota, marcar un gol, hacer un caño, celebrar un gol, tantas cosas que se podían hacer con una pelota y que le habían quitado. Porque le habían quitado su pierna, su sueño, su oportunidad, pero pensó que el fútbol no lo sacaría de su cabeza ningún soldado, ninguna guerra, ninguna mina, por lo menos si no acababan lo que un mes antes una mina había empezado.

Se apoyó en sus muletas y comenzó a andar al mismo tiempo que pensaba y sonreía: “quizá los que hicieron eso tampoco tenían piernas o no tenían ningún sueño, o lo que era peor, no tenían ningún balón para cumplir un sueño”.

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