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El penal perfecto


Es la situación más crítica del fútbol. Arquero y ejecutante. Solos. Mano a mano. Casi un duelo de Far West. En sus 111 años de vida, el penal dio material a la crónica deportiva, al cine y a la literatura. Ahora, a la ciencia. El Research Institute for Sports and Excersises Scienses de la Liverpool John Moores University dice haber encontrado la fórmula para que cada disparo termine en la red.

Los investigadores estudiaron los remates con las imágenes televisivas de la Premier League inglesa, sobre todo con las cámaras ubicadas dentro de los arcos. Compararon la distancia del punto de ejecución a la línea de gol (11 metros), hicieron una media de alcance de brazos y despegue de piernas de los arqueros y de velocidades de la pelota y lugares del arco más elegidos. Así, recomiendan que la pelota debe tener una velocidad mínima de 105 kilómetros horarios (65 millas) y el lugar ideal es el punto ubicado a 50 centímetros del travesaño (ubicado a 2,44 del piso) y a 50 del palo elegido por el ejecutante.

La John Moores University nació en 1992, como expansión de una escuela Politécnica fundada en 1893. Hace poco, otro estudio de sus laboratorios causó revuelo: se pierde un kilo de peso mensual jugando al Wii, de Nintendo, media hora diaria. Este mes acaba de firmar un convenio con el Real Madrid para el que creará métodos de entrenamiento Uno de los rectores es Brian May, guitarrista de Queen y astrofísico.

Los especialistas estudiaron horas de imágenes de alta definición provistas por la cadena Sky Sports Uk instaladas detrás de la línea de gol y "descubrieron cómo concretar cada tiro desde los doce pasos sin riesgo a fallar".

El estudio agrega que "si el jugador espera más de 0.41 milisegundos un movimiento del portero, la posibilidad de éxito se reduce a la mitad". De todos modos, entre tantas precisiones no se tomaron en cuenta condicionantes metereológicas ni ambientales.

En 1890, William Mc Crown propuso a la International Board la creación del penal. El primero se ejecutó en 1897, en Stoke-Notts. Más de un siglo después, el asunto sale del laboratorio sin novedades. El resultado del estudio se traduce al lenguaje futbolero: un sablazo al ángulo es inatajable. Sin embargo, hay otros elementos que no fueron tomados en cuenta por el RISES. Carlos Babington, por ejemplo, sostiene que es difícil rematar siempre igual. Y tiene razón. Y luego está la cuestión de estilo.

Como recomiendan los científicos ingleses pateaba Daniel Passarella (aunque nunca tan al palo, sino más al medio especulando con el movimiento del arquero). En la línea de los cañoneros se puede ubicar a Bernabé Ferreyra, Santiago Vernazza o Mario Boyé en los primeros tiempos del fútbol local. A Ricardo Pavoni, Héctor Scotta, Luis Nicolau, Aníbal Tarabini, Gabriel Batistuta o José Luis Chilavert, más acá. En otra línea, la de los que tiran a colocar, deben ubicarse a dos fenómenos: José Rafael Albrecht y Omar Corbatta.

Hoy, Ariel Ortega, es el más conocido de los colocadores. Y la mayoría, reúne potencia y dirección en proporciones parecidas. En una tabla de conversiones según los remates realizados, detrás de Albrecht se ubican José Leonardi (25 de 27); Oscar Mas (30 de 33); Santiago Santamaría (27 de 30); Pedro Barrios (33 de 37); Corbatta (39 de 45); Enzo Francescoli (38 de 44); Néstor Gorosito (29 de 34); Carlos Babington (56 de 66) y Miguel Oviedo (28 de 33). Cristian Lucchetti, ¡un arquero!, es el más goleador de penal de la actualidad, con 14 goles en 19 remates.

Para gritar gol, siempre queda el recurso de Johan Cryuff. En 1972, en el Ajax, llegó a la pelota, se paró y la tocó hacia adelante. Fue un pase a Jesper Olsen. Y fue gol de Olsen...


Es relativo (Carlos Babington, ex internacional argentino)

Es muy posible que si se patea el penal tal cual sugieren, se convierta en gol el remate. Pero eso es relativo porque la perfección no existe. Reunir todas las condiciones una vez, no es descabellado. Pero repetirlas, es imposible. Ningún jugador puede repetir un remate más de una vez de forma idéntica. Hay factores que convierten a cada penal en irrepetible. El contexto influye. La serenidad del pateador, el resultado del partido y el estado anímico del jugador siempre gravitan.

(tomado del portal digital “Infobae” del 25 de Marzo de 2009)

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El ex internacional de Inglaterra Jimmy Greaves tiene un dicho que lo ha hecho muy famoso en el Reino Unido: "El fútbol es un jueguecito de lo más curioso". Es muy posible que Greaves usara por primera vez la frase en Viña del Mar durante la Copa Mundial de la FIFA Chile 1962. En el partido de la derrota de Inglaterra por 3-1 a manos de Brasil, un perro se coló en el terreno de juego y, en plena carrera por el césped, esquivó a todo jugador y recogepelotas que intentó atraparlo. ¡Se zafó incluso del legendario Garrincha! Pero Greaves, muy perspicaz, se puso a cuatro patas a la altura del chucho, lo miró fijamente a los ojos, lo levantó del suelo en brazos y se lo entregó al representante del campo. La normalidad volvió a reinar en el partido.
O eso parecía. Greaves empezó a notar en el pecho una sensación rara, como una humedad tibia que le empapaba la camiseta, y no era precisamente su sudor. Los espectadores se lo estaban pasando en grande, al igual que Garrincha, que acababa de decidir que aquel animal era su mascota de la suerte. "Empecé a apestar de tal manera... era asqueroso", recordaba Greaves. "Yo no me explico cómo no gané aquel partido yo solo... ¡desde aquel momento ningún defensa brasileño se atrevió a acercarse a mí!".
Cuatro años más tarde, cuando robaron el Trofeo "Jules Rimet" del vestíbulo central de Westminster durante la exposición Stampex de Stanley Gibbons, un perro volvió a acaparar toda la atención en Inglaterra. Un año después del robo, Pickles, el perro del señor David Corbett, recuperó el trofeo en un seto de acebo de una propiedad situada en el sur de Londres y, por la hazaña, ganó para su dueño las 5.000 libras esterlinas del rescate: una cifra cinco veces superior a la prima que había cobrado cada uno de los jugadores de la selección inglesa cuatro meses antes por la conquista de la Copa Mundial de la FIFA.



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Al ser real el tiempo que se juega, se engendra una doble tensión: la del juego en sí y sus incidencias y la de la lucha que se establece contra el paso del tiempo... Así, la pugna contra el destino -los 90 minutos incontenibles- conduce a ese lapso arbitrario en que caen goles dolorosísimos.

(JUAN NUÑO, filósofo venezolano)

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Alfredo Di Stéfano fue ídolo y modelo. Lo vi jugar pocas veces, desde niño, y me deslumbró. No trato de imitarlo, porque los genios no pueden ser imitados. Me siento feliz cuando me comparan con él, pero siento que exageran.

(JOHAN CRUYFF, ícono viviente del fútbol holandés)

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Final (Rodrigo Fresán - Argentina)


Jorge Luis Borges -ese escritor que aborrecía el fútbol porque “es feo estéticamente. Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos... Mucho más lindas que el fútbol son las riñas de gallos. Ocurren ahí nomás al lado de uno, son ideales para miopes”- se había muerto unos días antes, casi al principio de todo el asunto, el 14 de Junio.

A mí, recuerdo, me divertían las opiniones de Borges. El fútbol nunca me había atraído demasiado y si bien podía apreciar la belleza sobrenatural del segundo gol de Maradona contra Inglaterra, obligado a elegir un deporte, continuaba prefiriendo la previsibilidad zen del baseball contagiada por cortesía de un tropical exilio durante los ‘70.

El destino prefijado de correr alrededor del diamante esmeralda siempre me había parecido más literario que el fútbol, donde el libre y poco estético albedrío condenado por Borges me hacía recordar, por momentos, la desordenada y suicida carrera de lemmings en busca de un precipicio. Algo tan ajeno como digno de ser alcanzado.

Durante mi infancia lejos estuve de ser un animal de plaza y pelota. Para el año '86 todavía no había pisado una cancha más que para asistir a algún concierto de rock. Mi bautismo de fuego tuvo lugar muchos años después con el célebre match entre San Lorenzo y Vélez interrumpido por falta de pelotas. Me hice de San Lorenzo por cuarenta y cinco minutos, me reí mucho y no volví más.

Tampoco mi familia había profesado devoción alguna por el fenómeno. Mi padre, creo, supo jugar al básquet en los Campeonatos Evita y eso fue todo.

Y aun así, ahora me había comprometido a no perderme partido alguno. Compaginaba horarios con mis actividades en una revista gastronómica y postergaba la escritura de cualquier cuento porque, bueno, acompañar a los muchachos se había convertido en lo más importante, en lo único digno de ser tomado en cuenta.

Pronto aprendí a reconocerlos de lejos adelantándome incluso a la voz certera del relator. Pronto tuve la seguridad de que ese Mundial iba a ser nuestro. México iba a ser una fiesta, supe.

Claro que todo milagro tiene una explicación racional así como toda proeza de Schwarzennegger descansa sobre un mullido lecho de efectos especiales preparado y tendido por especialistas. He aquí el truco detrás de la magia: México no era una fiesta.

La casa de mi madre quedaba en la calle México y allí había llegado yo el día exacto de la muerte de un escritor llamado Jorge Luis Borges. Mis días junto a mi pareja de entonces se habían convertido en lo más parecido a una riña de gallos miopes. Heridas y plumas y la imposibilidad de verse. Por eso ahora estaba viviendo el Mundial en la casa de mi madre. Viendo todo en un pequeño televisor blanco y negro como si fuera la primera vez, reprochándome en voz baja el espanto ahora incomprensible de haber estado fuera de todo durante todos estos años.

Había despreciado el milagro con la incredulidad de Santo Tomás pero -aún así- había sido perdonado y ahora se me permitía ser parte del paraíso vía satélite bebiendo todas y cada una de las palabras de Macaya Márquez como si se trataran de colores alucinados por Quetzalcóatl sobre el verde del Estadio Azteca, como si fueran los dictámenes de un Moisés enfurecido cuyas opiniones descendían como mandamientos inapelables mientras yo jugaba en los Campos del Señor.

El día que ganamos, recuerdo, fue la noche en que yo comprendí -agotados los minutos suplementarios- que el partido que venía jugando con o contra mi pareja de entonces estaba irreversiblemente perdido.

Fuimos a comer, teorizamos una vez más sobre posibles estrategias para un próximo encuentro que intuíamos innecesario y perdido de antemano, y -de regreso a México (calle), mientras el paisaje alrededor del Obelisco remitía indistintamente a las abigarradas delicias del Bosco o a los primeros tramos de 2001: Odisea del espacio, a cualquier postal de Cecil B. De Mille- me prometí hundirme, esa medianoche, en el programa especial sobre lo mejor de México '86.

El segundo gol de Maradona contra los ingleses seguía siendo tan hermoso como entonces, pocos días atrás, sí, no había ilusión o ingenio mecánico detrás de ese milagro. Había sido algo fuera de este mundo. Una revelación. Afuera, en San Telmo, alguien vaciaba un revólver en el frío de la noche con inequívocos modales de mariachi austral.

Algunas semanas después del final y la final conocí a la mujer de mi vida y -sí, yo estaba curado- el fútbol dejó de interesarme otra vez, para siempre.

(publicado en 'Página 30', suplemento del diario argentino "Página 12" -1993-)

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-¿Le tocó vivir alguna situación incómoda por su condición de argentino?

-Lo más incómodo llegaba cuando jugábamos de visitante: el público del equipo rival cada vez que tocaba la pelota gritaba un uhhhhh repetido, siempre. Pero algo muy light. Imaginaba que un inglés acá en Argentina no podría haber jugado...

-¿Cómo se sentía esa dualidad?

-Ellos sabían separar al futbolista de esa situación que nosotros no habíamos provocado. Ellos decían: "Ese es un conflicto entre gobiernos y no entre personas comunes". Esa distancia siempre me pareció muy inteligente de parte de ellos.

-¿Cuál era su sensación de una guerra tan cercana y tan lejana a la vez?

-Ellos estaban muy acostumbrados a ese tipo de situaciones de conflicto. Siempre tuvieron muchísimas colonias. Lo tomaron como un conflicto más. Pero a medida que fue creciendo, la preocupación era más grande. De todos modos, en Inglaterra, no se vivía de manera tan masiva. Lo único que me molestaba era que la información argentina no coincidía con la inglesa. Me parecía que eran mucho más precisos los datos que tenían ellos. Y me pasaba al charlar con mis familiares: me encontraba con que me contaban una cosa y acá se decía algo muy distinto. Y el tiempo me dio la razón de que la información argentina era distorsionada. Sentí que habían engañado a mi familia, a la gente. Por más dura que sea, siempre tenemos derecho a saber la verdad... Eso me dolió mucho.

-¿Cómo fue el trato cada vez que volvió a Inglaterra?

-Espectacular. Estoy yendo seguido... Hace 25 años que no juego ahí y todos se acuerdan de mi paso. Incluso nuestra generación, la mía y de Osvaldo, está llegando a la etapa del museo de la fama del club. En breve vamos a tener un lugarcito...

-¿Te volvieron a hablar de las Malvinas?

-Nunca.

(JULIO RICARDO VILLA, ex internacional argentino, recordando su paso por el fútbol inglés en plena Guerra de Malvinas -1982-, en diario “Clarín” del sábado 7 de Abril de 2007)

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¿Juegas al fútbol por que te gusta o por dinero?

Por que me gusta.

¿Por qué club ficharías?

Por el que más me pague.

(SAMUEL ETO'O, jugador camerunés del FC Barcelona, respondiendo las preguntas que le realizó un niño en una rueda de prensa, Febrero de 2008)

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Muchos de mis compañeros están muertos, demasiados... En mi época se hacía cualquier cosa por jugar. Tomábamos y consumíamos lo que fuera, con tal de estar dentro del equipo.

(SALVATORE GARRITANO, 53 años, ex delantero del Ternana, Torino, Atalanta, Sampdoria, Bologna y Pistoiese, respondiendo el 8/1/2009 acerca de las sospechas del abuso de medicamentos en el ‘calcio’ en las décadas del 70 y 80)

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Desde el día que nací... (Hernán Gávito - Argentina)


El fútbol se llamaba "la pelota", y la pelota la armábamos con trapos. A todos nos gustaba jugarlo y, desde lejos, nos llegaban los ecos de jugadores fantásticos y de grandes equipos: Alumni, River, Independiente, San Lorenzo ... se hablaba de ellos en los diarios que, a veces, traía mi padre.

No eran muchas las familias que vivían junto al río, pero en cada una había hijos como para que casi se pudiera armar un equipo completo.

Fue por entonces, que algunos vecinos empezaron a decir que ellos eran de Boca, otros de Colón, porque era de Santa Fe, explicaban.

Una tarde, mi hermano mayor, que tendría 13 ó 14 años, le preguntó a papá lo que todos nos empezábamos a preguntar:

-Nosotros ¿de quién somos?

Papá, con su habitual seriedad, pareció meditar unos segundos:

-Dejáme pensarlo.

Al rato, como todos seguíamos cerca de él en ansiosa espera, nos dijo:

-Cuando vaya a Buenos Aires, voy a hacer unas averiguaciones y les voy a decir.

Una vez por mes, papá se iba con un par de amigos a Buenos Aires. Salía el viernes al mediodía y volvía el domingo a la tardecita o, a veces, el lunes a la mañana.

Para nuestra preocupación, todavía faltaban casi dos semanas para que volviera a viajar. Durante todos esos días antes de su viaje, jugábamos a la pelota como con menos entusiasmo, como con cierta angustia, ¿de quién seríamos?

Los que lo sabían eran hinchas, llevaban la camiseta puesta en la ilusión.

Por fin, un viernes nublado, papá salió, con su ropa elegante, bien afeitado, bien peinado, con olor a colonia y con su bolso de siempre en la mano.

El fin de semana fue interminable. No se lo conté a nadie pero el sábado a la noche casi no pude dormir.

El domingo era un día de brillante sol de verano, supongo que de un calor tremendo pero, para nosotros, el calor no era calor, era la vida, como el Paraná, como los sauces, como los caminos polvorientos y el canto de los sapos.

En algún momento, mientras dormitábamos la siesta obligada, Laureano le preguntó a mamá si papá vendría esa tarde o el lunes a la mañana. Ella no lo sabía. Pensé que me iba a resultar espantoso pasar otra noche con aquella incertidumbre, con aquel cosquilleo del alma.

Al atardecer, estábamos metidos en el río, desnudos. Pescábamos anguilas. Pero yo me pasaba casi todo el tiempo dado vuelta, mirando la calle de tierra que bajaba por la barranca. De pronto, como si hubiera sido un duende portador de la felicidad, vi aparecer a papá: alto, flaco, morocho, caminado altivo con su paso rápido y ágil.

¡Llegó papá! -grité.

Creo que mis dos hermanas mujeres no, pero los otros siete salimos corriendo a recibirlo. Siempre nos alegraba su llegada pero esta vez era diferente. Era... emocionante.

Nos saludó con su cariño parco, tocándonos la cabeza. Entró a la casa. Saludó a mamá. Se sacó la camisa. Puso sobre la mesa algo que había traído para convidarnos y que empezó a desenvolver.

Estaba muy tranquilo, parecía que se había olvidado de la misión principal de ese viaje a Buenos Aires.

Al final, no aguanté más:

-¿Y papá? ¿de quién somos?

El adoptó un aire circunspecto y nos dijo con más pausa de la que le era habitual y que fue la única vez en mi vida que la sentí como una lentitud desesperante:

-Bueno... estuve averiguando, y estuve pensando... Somos de Independiente.

Lo escuché y sentí que el corazón me dio un salto, que no me hacía falta haberlo escuchado porque yo siempre había sido de Independiente; había nacido de Independiente.

Ahora todos sabíamos de quién éramos.

Papá siguió explicando que era un equipo de gran juego, que tenía su propio estadio ¡ de cemento ! y con visera, el único en América. Y que lo había construido el club sin pedirle plata a nadie.

Laureano le preguntó de qué color era la camiseta.

Imagino que es imposible que yo lo supiera pero la respuesta de papá fue, de nuevo, algo así como la confirmación verbal de lo que ya estaba en mi mente: roja, por supuesto. Eramos de los grandiosos 'Rojos de Avellaneda'.

Con la rosada luz del atardecer, antes de que nos fuera imposible por la oscuridad, salimos corriendo a jugar a la pelota. Teníamos un entusiasmo que jamás habíamos sentido. Estábamos orgullosos y felices. Llevábamos sobre el pecho una maravillosa camiseta roja invisible a los ojos.

Éramos de Independiente... para siempre...

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¿Para ser arquero hay que estar un poco loco o ser muy masoquista?

Hay que ser muy inteligente. Este es un puesto para inteligentes, al menos según la manera que yo tengo de sentir el fútbol. No se trata sólo de volar de palo a palo, sino de leer el juego, buscar que la jugada sea más sencilla antes de que se transforme en peligro. Así como lo hizo Amadeo, el maestro de todo, el 'Flaco' Errea y Hugo Gatti.

En los '60 había una frase que decía: “wines locos, arqueros boludos” ¿La suscribís?

Para nada. El de arquero es un puesto difícil, sufrido, ingrato pero de mucho reconocimiento también.

¿Y hay que tener el ego potenciado también?

Mucha capacidad de absorción en circunstancias difíciles, diría yo. Y el que ve eso es el técnico. El DT ve si tenés las pelotas suficientes para recomponerte enseguida de un error. Burgos es el primero en ese rubro.

De los que se quedan pateando en las prácticas, ¿quién te tuvo de hijo?

El 'Loco' Willington, en Talleres. Le pegaba de una manera monstruosa. También me las metía en la cara, me decía que había que aguantar. Trabajaba más para él que para mí el hijo de puta, se divertía.

(ÁNGEL DAVID COMIZZO, ex arquero argentino, en revista "El Gráfico" de Mayo de 2002)

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El árbitro tiene una omnipotencia muy grande. Un juez tiene que saber que es un ser humano y aprender a aceptar sus errores. Yo al principio de mi carrera no lo hacía. Los lunes a la mañana desayunaba con todos los diarios, después escuchaba todos los programas de radio y veía los de la televisión. Ni quería salir de mi casa.

(HORACIO ELIZONDO, ex árbitro argentino, en declaraciones formuladas a la señal de cable TyC Sports, 08/01/09)

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Hay quienes dicen que el mejor es Maradona, otros que Pelé... ¡yo me quedo con la pelota!

(JORGE "El Mágico" GONZÁLEZ, el mejor jugador salvadoreño de todos los tiempos)

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Maradona por siempre (Los Ratones Paranoicos - Argentina)

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"Es la noche del 28 de Diciembre; suena el teléfono y respondo. Miro la hora: las 11 y media. Mi hermano Marcelo me habla desde la ruta.

-¿Te acordás del 31 de Mayo del ´98, cuando te dediqué el campeonato de Vélez en “Fútbol de Primera”?- me descerraja a boca de jarro…

Cómo no me voy a acordar…

-Bueno,- continúa, inexorable- creo que no debí haberlo hecho...

Por una décima de segundo me estremezco. Lo imagino irrumpiendo en “Fútbol de Primera” a paso redoblado, dispuesto a enmendar la injusticia retirándome el homenaje; involuntariamente, aprieto el puño como atrapando un talismán…

-Tengo tres razones -explica-. La primera es que uno no debería disponer de la totalidad de lo que sólo es parcialmente propio. Aquella noche, campeones habíamos salido todos, los jugadores y yo, de manera tal que al haber estado ausente del programa el plantel completo, yo no debí apropiarme de ninguna manera de lo que no era mío. …- La segunda razón es que si una dedicatoria contiene un sentido eminentemente personal, ya que uno expresa un sentimiento íntimo, de dicho modo debería hacérsela llegar al destinatario, y no por televisión. …- En tercer lugar, -cierra- uno no debe dar al periodismo una herramienta tan poderosa como el conocimiento de la propia emotividad desnuda. Si todos los que acceden a ella le fueran a dar el trato que merece un sentimiento noble, podría ser, pero no hay garantías, no hay garantías.

…La conversación gana caudal… Una parte de mi cabeza repite una maniobra que vi en algún partido de los que jugó la selección nacional, una jugada que sólo puede concebir una mente martirizadamente concienzuda.

Ortega toma la pelota, y el soplo de su irreflexión la conduce entre las piernas de varios rivales, se la pasa al Piojo López que generosamente se estira sobre la otra banda, como hacen los corredores olímpicos que están a punto de cruzar la meta, como hacen los pájaros, y éste la hace llegar a Batistuta, que está en el lugar justo en el momento adecuado, en ese sitio inacabablemente identificado y ocupado durante los fatigosos entrenamientos. Batistuta, con un remate despiadado transforma las largas horas de falta de autoindulgencia, de aplicación y de tenacidad, en gol argentino…

…Recuerdo que le hablé de ese gol a mi hermano Marcelo.

-, me dijo, pero en las prácticas Bati no disparaba con violencia, sino que tenía que tocar suave a un costado del arquero, tomándolo a contrapierna. El tanto que te gustó no debió haber sido gol. Te voy a dar tres razones por las que no es justo que la jugada terminara como terminó...

(fragmento del libro "Argentina, una luz de almacén", de Rafael Bielsa, el hermano de Marcelo, en donde el autor cuenta un par de anécdotas que lo tienen al 'Loco' como protagonista)

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Jugar bien al fútbol es una suma de elementos: crear muchas situaciones, recibir pocas y tener contundencia. Y, a eso, para el paladar argentino hay que sumarle que el recorrido debe ser por abajo.

(MARCELO BIELSA, actual entrenador de la Selección de Chile -2003-)

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Se desconoce la fecha de fundación del Sevilla Balompié, pero el Real Betis es tan atípico que celebra su boda de oro cuando le viene en gana.

(artículo de Federico Saez de Robles publicado en la revista española “Semana”, año 1959)

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Entrevista a Germán Burgos


De las profundidades de un humilde estudio de grabación aparece una figura imponente, de casi 1.90 metros de estatura, que estrecha la mano con firmeza. Una mano que ha agarrado balones y micrófonos a partes iguales. Chaleco vaquero, pantalón ceñido y gafas oscuras, como su melena, esconden a Germán “Mono” Burgos (Mar del Plata, Argentina; 1969), cantante de rock del grupo “The Garb” y ex portero de, entre otros, River Plate y Atlético de Madrid. Se autodefine como “metódico, esquemático y obsesivo”; de hecho, confiesa que “no tendría por qué estar aquí. Estamos empezando a grabar las baterías del próximo disco, así que yo no intervengo. Pero me gusta estar presente, y de paso realizamos la entrevista con tranquilidad”. Una entrevista que transcurre entre carcajadas y humo, el de un tabaco que no puede abandonar a pesar de haber tenido un tumor en el riñón (“Soy un enfermo. Lo dejé cuatro meses y me peleaba con todo”). Éste es el “Mono” Burgos: un ganador de los pies a la melena.

Pregunta: Para empezar, ¿cómo prefiere que le llame, Germán o ‘Mono’?

Respuesta: Como quieras. Esta cara acepta cualquier apodo. Te diré que mis amigos me llaman ‘cabezón’. No me molesta lo de ‘mono’, es como la creación de un personaje. En Argentina son muy normales los motes; el juego es tan veloz que hay que ahorrar tiempo, por lo que se usa algún rasgo distintivo como denominación.

P: Columnista del diario Marca, comentarista del programa “Tablero deportivo” en RNE y co-presentador de los deportes en los Informativos de la tarde del fin de semana en Telemadrid. ¿Usted nos quiere quitar el puesto?

R: Son ellos los que me llaman a mí, no yo a ellos (risas). La verdad es que ahora que estoy “en el otro lado”, no veo las cosas de otra forma. Siempre comprendí que esto es un juego, y cuando conoces sus reglas ya es muy fácil. Yo lo hice y me lo pasé muy bien. Los jugadores a veces no entienden que el periodista tiene que trabajar, y por eso se enfrascan en un lugar común para no quedar mal. Eso no les invita a tener humor. Aunque prefiero eso a uno que, sin tener gracia, intenta ser humorista.

P: Hablando de ese “otro lado”: también se está sacando el carné de entrenador.

R: Sí, además de mi papel en los medios de comunicación, ahora estoy realizando las prácticas para entrenador nacional con el Atlético de Madrid C, en 3ª división. Bueno, también trabajo con mi grupo, “The Garb”.Y a veces también atiendo a mi familia (risas). Es cierto que hago muchas cosas, pero yo me veo en cualquiera de esas facetas. Si no creo que lo vaya a hacer bien, simplemente no lo hago.

P: Hasta hace poco fue entrenador de porteros en el Alcorcón, equipo madrileño de 2ª B. Desde su experiencia como jugador, entrenador y comentarista, ¿qué necesita un buen cancerbero?

R: Valor para convivir con el gol, saber que es imposible que no te hagan uno. Sólo tienes la red detrás, por lo que va a ser más evidente el fallo del arquero que el del defensa o el delantero. Y, claro, luego hay que ser un ganador, pero no sólo por la actitud. Yo fui un ganador por las ocho copas que gané. Si quedas segundo no te ven. En cuanto al aspecto técnico, creo que es esencial que en los entrenamientos, desde niños, los porteros jueguen también en otras posiciones. Mi entrenador Carlos Timoteo Griguol (quien me dio el mote) me ponía de delantero, por banda, de central…a los 6 años. Me hacía sacar en diez segundos. Todo eso me daba una agilidad y un toque de balón tremendos. Siempre fui un portero-jugador, no limité mi espacio a la portería. Era muy arriesgado, pero me encanta convivir con el peligro.

P: Con esa forma de jugar, ¿cuántas veces le han dicho “Germán, está loco”?

R: Me lo digo yo mismo a diario. Sin embargo, jamás he recibido ninguna crítica por parte de mis clubes. Soy un tipo muy metódico, me gusta hacer las cosas bien y ganar. Pero hacia fuera sale otra imagen. Yo iba todos los días dos horas antes al entrenamiento, y si no me moría de vergüenza. Llegaba antes que el utilero. Por eso mismo siempre fui uno de los líderes del plantel. Hasta me llevaba una bolsa enorme con mi ropa: cuatro pares de guantes, dos gorras, setenta cintas del pelo, una camiseta con la foto de mis hijos, dos pares de botas…La camiseta también me la llevaba a mi casa y la lavaba yo. El equipo sólo me ponía los pantalones y las medias. En ese sentido soy insoportablemente obsesivo.

P: Quizá su aspecto físico hacía pensar lo contrario. Por cierto, ¿cuándo dejó de ir a la peluquería?

R: Mi ‘viejo’ es peluquero. Nací dentro de una peluquería, aunque no lo parezca. Por eso mismo cuando Daniel Passarella, seleccionador de Argentina en el Mundial de Francia 98’, dijo que prefería que sus jugadores no llevaran el pelo largo, a mí no me costó nada cortármelo. Era un día más en la peluquería. Yo, por ejemplo, no entendí a Redondo, que dijo que no se lo cortaba y por eso no fue al Mundial. Fue muy criticado; negar a la selección argentina es terrible. Yo me habría cortado hasta los pelos del culo, si hubiera sido necesario. Pero bueno, al igual que por mi carácter, nunca ningún club me ha censurado mi imagen. Tampoco creo que lo hubiera permitido. Además, quien te contrata no es tonto: si te ve vestido de comunión y luego no vas así, se va a sorprender. Yo siempre fui igual: detesto el traje y la corbata, pero como no soy un maniquí, no me lo tengo que poner.

P: Y un rockero como usted, ¿cómo aguantaba las concentraciones antes de los partidos y la abstemia que conlleva todo deporte?

R: Porque me muevo en personajes. No tengo problema en adaptarme, en decir que no a la música o a ir a conciertos de amigos. Máxime si hay un objetivo que cumplir. Y hasta que no lo consigo, no paro. Para eso soy muy esquemático, y ésa es mi ventaja. Todos sospechan de mí, esperan que falle, pero al final les sorprendo haciendo bien mi trabajo. Eso también me ha ocurrido en la música, pero nunca me importó. Sé que vengo de otro lado, de la televisión, y que no nací con una banda de garaje. Pero lo bueno es que el músico me acepta. He tocado con gente que si no les gustas te dicen que no: Javier Vargas, Mago de Oz, Pancho Varona…

P: Al compaginar la música con ese mundo de la televisión y el deporte, tuvo que presentar sus tres primeros discos en ciudades diferentes: Buenos Aires, Mallorca y Madrid. ¿Sus músicos no se quejaban?

R: No, para nada. Yo les traía a España, no los llevaba a Irán (risas).Además, voy cambiando de músicos. Esto no nació como grupo, sino como mi proyecto, así que es un grupo solista. Eso lo refleja el nombre, GARB. Son las iniciales de mi nombre, Germán Adrián Ramón Burgos. Lo saqué de mi padre, que como vivíamos en una cuesta, tenía miedo a que el coche se le escapara y puso unas maderas detrás de las ruedas. Entonces se pintó en las maderas sus iniciales, RAB, de Ramón Arnold Burgos, en blanco y sobre fondo azul. No sé para qué hizo tanto escándalo, pero me dio la idea.

P: Después del verano, en torno a Octubre, quiere sacar su quinto disco. ¿Qué me puede adelantar?

R: Dinero no (risas). Será una línea más dura, más hard-rock. Habrá alguna balada para las chicas que se acerquen al concierto. Aunque a vernos a nosotros viene cada bulldog con cadenas… Las chicas guapas ven a Bisbal, a Alejandro Sanz y a todos éstos que hacen música rara (risas). Claro que la edad y la figura no acompañan. Aunque realmente eso va y viene, no me importa. Sé que puedo estar flaco; el año pasado bajé 8 kilos. Lo que pasa es que no quiero. Ya estoy casado (risas). En cuanto a la edad…Tengo 39 años, pero me veo encima de un escenario siempre, como los Rolling Stones.

P: Diga, ¿usted qué piensa de las incursiones en la música que han hecho jugadores como Agüero o Drenthe?

R: Lo pueden hacer, pero no tienen ni idea de música. El rap de Drenthe y la cumbia que hace Agüero no existen. Yo llevo toda la vida en esto. Abrí una puerta a la gente del deporte hacia el mundo del espectáculo. Recuerdo que en uno de mis primeros conciertos, en Cañuelas (provincia de Buenos Aires) en el 93, me pinté la cara con un corcho negro y me puse un gorro para que no me reconocieran, porque yo ya estaba jugando en Ferro. Por el calor de los focos, a los quince minutos se me borró todo y me vieron. Después, cuando ya estaba en River, me puse a pedir en una plaza cantando para una cámara oculta de televisión. Yo decía “una moneda, señora, que River no está pagando últimamente”, o “del fútbol sólo no se puede vivir”, y la gente se empezó a juntar. Es como si el portero del Madrid se pone en la Puerta del Sol. Aunque Casillas no lo haría igual. Quizá Julio Iglesias, que también es del Madrid.

P: Hábleme del Atlético de Madrid. Necesito que me explique cómo un tipo internacional con su selección y en Primera División con el Mallorca decide irse a Segunda.

R: Porque te enamoras del objetivo, del desafío de ascender. Y porque el Atleti es el equipo del obrero. Es más fácil ser del Madrid o del Barcelona; sabes que algún día van a ganar. Cuando llegué a Mallorca y vi las riadas de aficionados rojiblancos que iban al estadio, se me ponía el vello de punta. Había un sentimiento derrotista, pero incluso en Segunda División llenaban los estadios. Yo lo comparo mucho con Racing de Avellaneda, en Argentina. Además, a la hora de irme al Atlético de Madrid, influyó muchísimo el entrenador, Luis Aragonés. Yo sabía que si estaba él íbamos a quedar campeones. Y él sabía que si me llevaba a mí saldría campeón (risas).Y así pasó: desde el primer día fuimos primeros en la tabla. Luis quiere ganar siempre y nunca duda. Los que dicen que está viejo se equivocan, no lo conocen.

P: Cuando se enteró del cáncer de riñón, ¿cómo reaccionó?

R: Bien, porque fue un jueves y jugaba el domingo y quería que me operaran el lunes. No me dejaron y me operaron el sábado. Lo cogieron a tiempo. Tuve mucha suerte.

P: ¿Tu familia cómo se lo tomó?

R: Yo sigo con la misma onda positiva, estaba bien, sin dolor. El tema era decírselo a la familia, y hablé con mi madre y me preguntó: “¿Quién te va a operar?” y le contesté “No sé, mamá, creo que el doctor ve bien de un ojo” (risas). Me lo tomé con mucha filosofía positiva.

P: ¿El cáncer es el peor penalti que has parado?

R: Sí, pero es más complicado el asunto, porque no te enteras de lo que te dice el doctor. Luego, cuando estás en el hospital, te das cuenta de lo que verdaderamente pasa. Después de que me operaron no sentía lo mismo.

P: Tras el tumor la retirada…

R: Así es. El tumor del riñón fue fundamental. Tras la operación yo estaba bien físicamente, pero llegaba dos horas antes al entrenamiento y pensaba “¿qué hago acá tan temprano?”. Me sentía extraño, como si el futbolista me fuera abandonando. Luego se dijo que había intentado sobornar a Regueiro, jugador del Racing de Santander, aunque judicialmente se demostró que fue una broma. También dijeron que me llevaba mal con el entrenador, Gregorio Manzano. Pero nada de eso influyó en mi retirada. Simplemente, ya no tenía ganas de jugar al fútbol. Me llamaron de Arabia y me di el gusto de rechazarlo. Me pareció bárbaro lo que me ofrecían, pero no quise irme. No tenía ganas de seguir en la cancha.

P: Una pena para los árabes. Imagínese que allí rueda un anuncio como el que hizo aquí, saliendo de una alcantarilla en la Gran Vía madrileña para anunciar la vuelta de ‘su Atleti’ a Primera…

R: Sí, seguro que lo habría realizado. Yo soy del mundo del espectáculo, siempre he estado muy ligado a eso. La verdad es que ya no sé qué personaje hacer. No sé qué espera Almodóvar para llamarme.

(entrevista publicada en la revista "Deporte y gestión de Madrid" Nº 20, Julio/Agosto de 2008)

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Coronel Olavarría, Provincia de Buenos Aires, sábado 17 de Abril de 1982. ¿Fecha histórica?. Sí, claro. Ese día en el estadio “Ignacio Zubiría” del club Racing de esa ciudad emergió del túnel la mismísima selección de Unión Soviética, la misma que en su inolvidable camiseta lucia la inscripción CCCP, para enfrentar a Loma Negra, un club que sin ninguna duda leyó 25 años antes en que se iba a convertir el fútbol local e impulsado por Amalia Lacroze de Fortabat y sus dólares salio a copar el campeonato nacional llenándose de figuras de la talla de Félix Orte, Armando Husillos y Osvaldo Rinaldi entre otros.
Días antes esta misma selección soviética había enfrentado a la selección Argentina en River empatando 1 a 1, el gol argentino lo convirtió Ramón Díaz.
El partido según las crónicas de la fecha fue mediocre, Loma Negra luego del pitazo final del árbitro Carlos Coradina consumó la hazaña. Ganó 1 a 0, gol de Husillos a los 36 minutos del segundo tiempo.
El “Ignacio Zubiria” se convirtió de repente en el cementerio de los elefantes de la década del 80´ ya que desde el 21 de noviembre de 1979, cuando había perdido por última vez en Tbilisi, Georgia, con Alemania Federal por 3 a 1, la selección soviética llevaba 18 partidos sin perder, sumaba 13 triunfos y 5 empates con 43 goles a favor y solo 10 en contra.
La recaudación fue de 12.000 dólares y estuvo muy por debajo del cachet cobrado por los soviéticos (30.000) pero en la tierra donde brota el cemento todo es posible.

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En aquel entonces Agüero era muy joven y Atlético pagó mucho por él, más 17 de millones de euros por un jugador que era riesgo.

(RAFA BENÍTEZ, entrenador español, tratando de explicar en “The Times” porqué el Liverpool desechó en 2006 comprar al jugador que brillaba, en ese entonces, en Independiente de Avellaneda)

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La cabeza es el portero, después están el central y el medio centro, que son el esqueleto, y el resto son las extremidades.

(GERMÁN BURGOS, ex arquero argentino)

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Balón de fútbol (Gerardo Diego - España)


Poner un balón, Dios mío.

Qué planeta de fortuna.

Vamos a los Arenales;
cinco hectáreas de desierto,
cuadro y recuadro del puerto.

Qué olor a la Tabacalera.

-Suelta ya el balón Incera.

-No somos once. -No importa.

Si no hay eleven hay seven.

Qué elegante es el inglés;
decir sportman, team, back;
gritar goal, córner, penalty.
(Aún no se ha abierto el Royalty.)

-Marca tú la portería;
textos y guardarropía.

-Somos siete contra siete.

Un portero y un defensa,
dos medios, tres delanteros;
eso se llama la uve.

Y a jugar. Vale la carga.

Pero no la zancadilla.

Yo miedo nunca lo tuve.
(Una brecha en la espinilla.)

Ya se desinfla el balón.

Sopla tu fuerte la goma.

Ata ya el cuero marrón.

El de badana en colores
déjase a los menores
para botar con la mano.

-Mañana a la Magdalena
a jugar contra el "Piquio".

Y al "Plazuela", desafío.

Tener un balón, Dios mío.

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En México, cuatro años después, hice un gol muy parecido al que les convirtió Maradona a los ingleses. Fue frente al Real Madrid en un cuadrangular. Arranqué desde la mitad de la cancha, eludí a cuatro jugadores y cuando salió Buyo se la tiré de derecha por arriba. Claro, el de Diego tuvo otro valor.

(OMAR PALMA, ex jugador argentino -1990-)

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Diego no tiene experiencia, a mí Maradona me revuelve el estómago, no es ejemplo de nada, en el '82 en el Mundial de España lo expulsaron por darle un planchazo a un brasilero, en el '94 tomó no se que cosa y lo dejaron afuera, aparte que se pelea con todos, ahora con Bilardo, yo ya lo dije, no va a llegar al Mundial, no hizo el curso de técnico, le regalaron un diploma y cuando entrenó a Racing casi lo manda a la B y a Mandiyú de Corrientes lo hizo desaparecer.

(JOSÉ FRANCISCO SANFILIPPO, polémico ex goleador argentino de la década del '60 en entrevista para MDZ online 21/03/09)

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Que busca Navarro Montoya en Tacuarembó es lo que no entiendo en el sentido que con la edad que tiene; porque la gente de Tacuarembó tiene que fijarse para poder crecer llevar jugadores que le puedan dejar algo y que en definitiva los beneficios que le puede dar Navarro Montoya no son los que le daría un jugador joven.

(JOSÉ LUIS CHILAVERT, ex internacional paraguayo, "atendiendo" al portero nacido en Colombia en "Hora 25 de los deportes" de que se emite por CX12 Radio Oriental de Montevideo -20/03/09-)

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El último pateador de punta (Carlos Hugo Mercapide - Argentina)


El juego del fóbal en el barrio, -por lo menos en el nuestro-. y hasta donde nosotros salíamos a competir por guita. Que era esa cuadra larga, que formaban las casas todas iguales del ferrocarril, terminando en el triángulo de las vías.

Fue transformando sus tácticas.

Se fueron dando cambios fundamentales en sus formas, -como algunos dirían- "en la filosofía del potrero", lógicamente sin perder el ancestral virtuosismo del toque, que es el condimento esencial de estos reductos polvorientos, donde se busca la gloria cotidiana tras la redonda.

Creo que todo comenzó cuando pusimos los arcos, que en realidad en un primer momento fueron solo dos tirantes erguidos plantados paralelos a cuatro "pasos de burro" de distancia, sin travesaños, con el cielo como limite o hasta la altura del que le tocaba atajar.

Si la toca es gol, sino es "alto" se reglamentaba, eso si, si no salta es gol por definición, para evitar la avivada.

Augusto "Puntin" Palomeque se había tomado ese año textualmente. Los últimos días de un caluroso diciembre, entre los petardos, cañitas voladoras, la ensalada rusa y el clericó de las fiestas se entero que el año entrante era bisiesto, y lo siguió al pie de la letra.

Ya desde los primeros días de enero comenzó con el ritual de las dos siestas, una a la mañana después del desayuno y otra "la normal" justo en el momento de más calor de la tarde. Lo despertaba la hermana con el mate, se calzaba los cortos, las "Flecha" y salía con su paso cansino, de número cinco antiguo, lento pero ágil para el quite, los pelos de la nuca aun alborotados por la almohada, camino de la canchita, donde los pibes estaban pateando todos en un arco o tirando centros "hasta que aprenda".

Así pasaba la vida, sin nervios, en el lejano y postergado pueblo, de esta Patagonia sin fin.

Alguna vez se le cruzó en los pensamientos, mientras dejaba que una tarde se fuera, -se fijó en su mente-, (como la búsqueda de la mujer ideal) y se transformó en su fantasma cada vez que iba a recibir un córner. Imaginaba que al elevarse para cabecear, quedaría mantenido en el aire para siempre, sin poder bajar, de ahí su insistencia para patearlos siempre él.

Los cambios en las tácticas fueron especialmente en el trato del balón, -en la sistematización de un avance en bloc-, se trataba de evitar la gambeta de arco a arco, -la apilada si-, pero no morfarsela solo. Rematar una subida con una descarga en pared, con un centro atrás bien colocado, con una pasada de largo que deja pagando al arquero, y -definitivamente descartar la definición de punta-, se buscaba terminar con ese maltrato a la de cuero, nunca más de puntin, utilizar para siempre el cariño del empeine.

Salvo para "Puntin" Palomeque, shoteador milimétrico, -micrométrico decían los más perfeccionistas-, único en la ejecución de los tiros libres, que para el asombro de circunstanciales espectadores o curiosos que detenían su paso junto a la canchita, para descansar las manos de las cortantes manijas de las latas de kerosén, siempre le daba de punta.

Creo que ellos comenzaron la leyenda, que luego se expandió de boca en boca inmortalizando al "último pateador de punta".

Sus hazañas que inevitablemente se fueron agrandando según el disertante, rápidamente pasaron los limites del barrio, y de lo real, se exageraban las distancias hasta lo infinito, hasta lo astronómico potrerilmente hablando.

Se decía que una vez la metió de setenta metros, con barrera de ocho hombres y el Gordo Orujo de arquero, que era decir mucho porque el gordo llegaba con los hombros al travesaño.

No se en que noche estrellada, pero la luna salió plateando el campito de pocos yuyos, eternamente barrido por el viento y la cruz del sur se clavó en el arco de enfrente, el que no da a la calle.

En el aire se respiraba el suave olor del verano.

Puntin volvía a la casa alumbrando su camino solo con la luz del faso, pensativo, alargando las dos cuadras finales, cuando entre las sombras del potrero alguien hacia "jueguito" con una bola blanca, flamante, perfectamente redonda, acariciándola sin hacer ruido, del empeine a la frente, de la frente al taco, del taco a la rodilla y así mágicamente por un tiempo fantástico, eterno, acrobático y lógicamente irrepetible.

Hasta que lo llamó en un ademán, como obligándolo.

-Metete..., que te mando un centro!

El muchachón tiro el cigarro sorprendido, y emprendió la carrera con su paso de siempre. Ecuación entre agilidad y vagancia, a enfrentar el fulbaso que ya había partido de la noche cerrada del lateral derecho. Venia en el aire brillando, quizá con un silbido, reflejando cada estrella que pasaba por sus gajos y encandilandolo cuando en uno se posó la luna.

Iba solo, el área era un páramo.

No sintió el "mía...!" del arquero, ni el empujón del estoper en la espalda, ni un compañero gritándole:

-Fijáte!

Sin marcas y en la oscuridad, se elevó en cámara lenta, seguro, con el gol en los ojos, midiendo la trayectoria, y en el impacto del frentazo con la globa estallaron luciérnagas prendidas, la blanca fulgurante rajó el aire, y se clavó en un ángulo del arco vacío, sin dejar sombra.

Augusto "Puntin" Palomeque, siguió en un vuelo etéreo, elevándose sin detener el salto, pasó el travesaño, el techo de las casas y los árboles más altos, hasta que una triste luna lo perdió en su luz y la noche borró su figura.

Nadie lo vio, pero yo sospecho, conociéndolo como lo conocí, que iba con una sonrisa en los labios, dándole el último adiós a los años de mayor libertad de su vida, la infancia.

Y que al gol no lo gritó, seguro..., por no romper la perfección del silencio.

(Mi agradecimiento a Carlos por permitirme publicar este cuento)

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En Agosto de 1984 la edición anual del afamado y prestigioso trofeo veraniego "Joan Gamper" reuniría al F.C Barcelona, al Bayern Münich, al Aston Villa y al Boca Juniors.
El 21 de Agosto de ese año el conjunto anfitrión se mediría al argentino por un lugar en la final. El partido terminaría con un sorprendente (e histórico) 9-1 a favor de los catalanes, que prácticamente ningún seguidor xeneize recuerda (o no quiere recordar).

Ficha del partido:

Barcelona (9): Urruti (Amador), Sánchez, Alexanco, Migueli (Moratalla), Julio Alberto, Víctor, Schuster (Esteban), Calderé, Carrasco, Archibald, Rojo (Marcos).

Boca Juniors (1): Gatti, Alvez (Berta), Córdoba, Pasucci, Alberto, Mouzo, Abdenebe, Krasousky (Matabós), Morena, Vázquez, Mendoza (Sotelo)

Árbitro: Marín López

Goles: Alexanco (2), Archibald (2), Caldere, Schuster, Carrasco, Esteban y Marcos

El trofeo Gamper finalmente se lo llevaría el Barcelona tras vencer en la final al Bayern Múnich por 3-1, mientras que Boca se resarciría de la tremendísima goleada encajada venciendo en el partido por el tercer puesto al Aston Villa.

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Por ahora Wanda Nara llama más la atención que Maxi López quién llegó a Brasil con mucha expectativa y poco produjo.


(diario brasileño "Lance", del 18/03/09, elogiando a la esposa del delantero del Gremio de Porto Alegre)

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Maradona es un ejemplo negativo. Fue un excelente jugador pero, por desgracia, todo el mundo puede ver lo que hizo con su vida. Además tenía defectos: no sabía cabecear.

(PELÉ, en declaraciones a la radio brasileña "Jovem Pam", 19/03/09)

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Joaquín Sabina le canta una canción a Maradona

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Lamentable papel cumplió Estudiantes de La Plata en Noviembre de 2000, cuando hizo una minigira por Costa Rica que le reportó algo de dinero y una vergüenza deportiva más grande que la mismísima ciudad de las diagonales.
De entrada, los dirigentes que habían acordado un amistoso con la selección tica, olvidaron decirle a los organizadores que no viajarían los mejores jugadores del Pincha, sino que lo harían aquellos que no eran tenidos en cuenta por el técnico y varios juveniles de la Reserva.
Con el lógico fastidio del periodismo local, el 'León' dirigido por Juan Ramón Verón afrontó el compromiso con lo que pudo, pero no alcanzó la medida mínima de dignidad.
Con tantos de Fonseca (3), Sunsing (2) y Bryce, el combinado centroamericano se impuso por 6 a 1 ante los argentinos, que llegaron al gol a traves de Acciari.
Los medios fueron durísimos con el elenco de La Plata, destacando su falta de preparación. “Los tricolores hicieron tiro al blanco ante Estudiantes, al que enviaron a Sudamérica con seis recuerdos” afirmó el periódico 'La República'.
Como si fuera poco, a raíz del resultado catastrófico la delegación del Pincha tomó la decisión de suspender otro partido acordado de palabra ante un club local, el Santos de Guapiles y se volvió antes de tiempo... para seguir haciendo papelones.
En un primer momento, el Diario 'Hoy' había publicado la crónica del match, con una formación de Estudiantes que no demostraba nada raro, más allá de la escasa presencia de suplentes: Evangelisti, Juan Fernández, J.J. Lezica, Menghini, Baratteri; Bezombe, Acciari, Cejas; Fúriga, Simone y Piersimone (Pablo Figueredo, Lucas Nardi y Ricardo Pérez en el banco).
Sin embargo, un día más tarde saltó la ficha de un dato para nada menor. Algunos problemas en la documentación de Figueredo y Pérez, retrasó la llegada de ambos a Costa Rica e inexplicablemente el que comenzó atajando para el equipo albirrojo fue... ¡el portero costarricense Miguel Mena! Sí, aunque cueste asimilarlo, al Pincha le hicieron los 3 primeros goles con un rival en el arco propio. Figueredo llegó justo para el comienzo del segundo tiempo y se comió los restantes.

(tomado del portal "Taringa")

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No hay tiempo para atender las extravagancias de la FIFA y sus socios. El Mundial debía servir a Colombia y no Colombia a la multinacional del Mundial.

(BELISARIO BETANCUR, ex Presidente de Colombia, 1982-1986, dando las razones por las cuales ese país renunciaba a la organización de la Copa del Mundo de 1986)

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Hay muchos jugadores que tienen que guardar el orden en la cancha para que algunos pocos hagan un desorden y puedan crear situaciones de gol para ganar partidos.

(PATRICIO CAMPS, ex jugador argentino)

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Carne y fantasía (Carlos Maggi – Uruguay)


Sin tragedia griega, sin canto gregoriano, casi sin concepción del mundo, el oriental es un ser feliz. Las dos únicas preocupaciones nacionales corren sobre la gramilla y son, a saber: las vacas y el fútbol. El fútbol es la actividad espiritual; las vacas constituyen el sustento de la carne.

Jugar bien al fútbol es un trabajo aburrido y muy sucio, que está mal visto. Así como ningún inglés decente bajaría a la pista para ser caballo de carrera, ningún compatriota de clase media, salvo los canillitas y los obreros, se animaría a ser jugador.

Sin embargo el fútbol ha influido en nuestra cultura más hondamente que el cisma de la iglesia. Por ejemplo, más que la vacuna antivariólica y los binomios de Newton, ha prendido entre nosotros, la dualidad Peñarol-Nacional y es seguramente esta forma bipolar de organizar las pasiones, la que ha mantenido los dos grandes partidos de nuestra política.

Como fenómeno espiritual, el fútbol es fuente de las más hermosas leyendas y nuestra única literatura anónima en prosa, versa sobre fabulosos goles, moñas y pases de los tiempos de oro.

Cada tres meses, la población de nuestro país se divide en dos grupos y mientras uno vive la gloria maravillosa del triunfo, el otro apura la copa amarga de la derrota. Este mismo ejercicio que el oriental realiza, naturalmente, cada clásico de fútbol, gozar la victoria ó padecer el desastre, les cuesta a los alemanes veinte años de dictadura y a los ingleses el trabajo centenario de hacer y deshacer un imperio.

Los jugadores de fútbol, tanto ó más que los bailarines, parecen pensar con los pies y después con el cuerpo y por fin con la cabeza. Por eso entusiasman y maravillan a la gente: hacen cosas imposibles.

Entre el fútbol y el ballet hay muchos parecidos; es cuestión de pelos de diferencia.

Los bailarines danzan según los lleva la música, los futbolistas se mueven arrastrados por el ritmo y la coreografía imprevisible que se imponen unos a otros.

Como el fútbol es improvisado, el espectador no va solamente a ver, va a recordar lo que jamás habrá de repetirse, ni parecido. Por eso el fútbol tiene algo de milagro, porque está en el tiempo y se van con él. Por eso el fútbol es tan fácilmente mitológico.

La Sangre Charrúa es el Zeus de nuestro Olimpo donde abundan los dioses menores como la Celeste, la Táctica Rioplatense, la Viveza Criolla y otros.

Nuestros héroes son hijos de padre italiano y alguna de estas divinidades. Piendibene, rico en ardides; Benicansa, el de los pies ligeros; Petrone, domador de caballos (Amor Brujo llegó a patear tan fuerte como su dueño) y más recientemente Ghiggia, nacido en la lejana Ogigia, la isla de Calipso.

(Texto publicado en el semanario "Marcha", Uruguay, 1952)

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Un hecho curioso se produjo dentro del fútbol uruguayo en el año 2008. Concretamente, jugaron juntos padre e hijo en la Primera División del Montevideo Wanderers: Carlos María Morales y Juan Manuel Morales. En ese partido que quedó para la historia, Montevideo Wanderers enfrentó, por la primera fecha del torneo charrúa, a Peñarol.
El padre, Carlos Morales, de 38 años, venía de una extensa trayectoria deportiva que comenzó en el River Plate de la capital uruguaya, para pasar luego por el Toluca y el Atlas, en México, y Unión Española, O'Higgins y Everton, en Chile,
Por su parte, Juan Manuel, de 19 años, en sus comienzos, no podía creer que en la segunda parte del cotejo, el técnico lo haría ingresar al campo de juego, para hacer paredes y goles junto a su progenitor: "Solo habíamos jugado un par de amistosos, y en algún momento, para pedirle un pase, se me escapó un '¡Dale Pá!', que sirvió para que me tomaran el pelo mis compañeros y mis rivales también. Pero este partido fue oficial, algo que queda registrado para siempre en las estadísticas", dijo Juan Manuel.
En cuanto a Carlos, dio gracias a Dios al verlo entrar a su hijo, para tenerlo como compañero: “Sí, somos compañeros, porque no quiero marcar una diferencia con el resto de los jugadores. Concentramos y comemos en mesas diferentes y dormimos en habitaciones diferentes. Ahí en el campo de juego, ni padre ni hijo, compañeros".
Finalmente, Carlos distinguió los estilos de juego: “Mi hijo es un volante zurdo, rápido y más técnico que yo. Lo mío es oportunismo para el gol y ser un gran luchador”.

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Arsenio Erico fue un fenómeno como jugador además de ser un señor como persona. Su mejor arma era cuando saltaba. Les ganaba a los arqueros y metía todos los goles de cabeza. No era como Bernabé Ferreyra de hacer goles espectaculares, pero siempre estaba ahí. Cualquier rebote, cualquier pelota que le quedaba, era gol. Le pegaba bien y de cabeza era un fenómeno. Todos recuerdan la anécdota de cuando estaba por ganar el premio de los cigarrillos ‘43’: me confesó que una pelota la dejó pasar para que la metiera otro así no se perdía la plata.

(FRANCISCO “Pancho” VARALLO, ex jugador argentino, recordando al temible goleador paraguayo de Independiente de Avellaneda)

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Shilla, el central izquierdo, juega en el Asante Kotoko, en Ghana, y nunca había participado en una competición grande. Tengo miedo de que se quede parado mirando que bien juegan Ronaldo o Ronaldinho y pensando a quién le va a pedir el autógrafo y la camiseta.

(RADOMIR DUJKOVIC, entrenador serbio, a cargo de la selección de Ghana en el Mundial de Alemania 2006, opinando antes de enfrentar a Brasil quien los venció con un cómodo 3-0)

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Furia color sangre (Javier Elizalde Blasco - España)

* dedicado al C.A. Osasuna



Espíritu rebelde que
todos quieren apaciguar,
toro ensangrado cuyo destino
pretenden determinar.

Calor, pasión, color, que fluyen
entre montañas y ríos,
nubes negras quieren ocultar
su resplandor y su brío.

El fútbol de toque se puede
dibujar con regla y compás,
el que brota de un alma rebelde
sólo la poesía lo puede cantar.

Extranjero de un estilo de vida,
desterrado de su propio Edén,
inventó su propio juego
y en otro no puede creer.

Nunca llenará portadas,
nadie de fuera lo elogiará,
porque no saben su idioma
y aprederlo no podrán.

Furia color sangre
que no dejará de brotar,
su grito es su único himno,
no hay notas que lo puedan tocar.

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Yo ya tenía 34 años y Fabián, apenas 15. Jugábamos juntos en la zaga central del Club San José, de Aldea Brasilera, un pueblito que participaba en la Liga Diamantina, en Entre Ríos. Además, yo también era el técnico, pero en este partido que voy a contar no me había puesto.
De repente, en una jugada, el Nº 9 de ellos le pegó una trompada a Fabián que lo sacó del partido. Es más, se lo llevaron al hospital. Yo entré y me acerqué al árbitro, que ya tenía la roja en la mano para echarlo al Nº 9. Y le dije:
'no lo vas a echar, ¿no? Nooo, dejalo, no fue nada, son cosas que pasan...' Y no sé cuántas cosas más le dije. No quería que lo expulsaran. Y lo logré: el Nº 9 siguió en la cancha. Aunque no mucho más. ¡Cómo se iba a salvar después de lo que le había hecho a mi hijo! Entonces hice un cambio: entré yo. Un rato más tarde, cuando Fabián dejaba el hospital... el Nº 9 de ellos entraba.

(ROBERTO AYALA, padre del jugador homónimo, en “La Nación Deportiva Mundial” del lunes 19 de Junio de 2006)

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El centro delantero, el puesto clave... Son extraños, estos cazadores de goles. Mírenle los ojos. Sus pupilas bailan arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda, se mueven en direcciones oblicuas y así todo el tiempo. Una sola idea en la cabeza, como en los poetas o en los grandes novelistas. Insensatez, sí, pero insensatez grandiosa, divina. Eso es el delantero centro, aquél que, más allá de la mitad del campo, encuentra soluciones inesperadas rápidas, fulgurantes... Acuérdense de Gerd Müller, de Sánchez, de Sotjkovic, de Schillaci, de Stoikchov, de Paolo Rossi, de sus miradas predadoras...

(VLADIMIR DIMITRIJEVIC, escritor serbio, autor del libro “La vida es un balón redondo”)

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A la gente, a los aficionados, no les importa saber cómo estás. Eres visto como el futbolista, el ídolo, y nadie te pregunta cómo estás. Te conviertes en un esclavo de tu propia imagen.

(GIANLUIGI BUFFÓN, arquero italiano, campeón del mundo en Alemania 2006, en su reciente autobiografía)

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Fútbol (Cándido Portinari - Brasil)

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El lenguaje de los doctores del fútbol (Eduardo Galeano - Uruguay)


Vamos a sintetizar nuestro punto de vista, formulando una primera aproximación a la problemática táctica, técnica y física del cotejo que se ha disputado esta tarde en el campo del Unidos Venceremos Fútbol Club, sin caer en simplificaciones incompatibles con un tema que sin duda nos está exigiendo análisis más profundos y detallados y sin incurrir en ambigüedades que han sido, son y serán ajenas a nuestra prédica de toda una vida al servicio de la afición deportiva.

Nos resultaría cómodo eludir nuestra responsabilidad atribuyendo el revés del once locatario a la discreta performance de sus jugadores, pero la excesiva lentitud que indudablemente mostraron en la jornada de hoy a la hora de devolucionar cada esférico recepcionado no justifica de ninguna manera, entiéndase bien, señoras y señores, de ninguna manera, semejante descalificación generalizada y por lo tanto injusta. No, no y no.

El conformismo no es nuestro estilo, como bien saben quienes nos han seguido a lo largo de nuestra trayectoria de tantos años, aquí en nuestro querido país y en los escenarios del deporte internacional e incluso mundial, donde hemos sido convocados a cumplir nuestra modesta función. Así que vamos a decirlo con todas las letras, como es nuestra costumbre: el éxito no ha coronado la potencialidad orgánica del esquema de juego de este esforzado equipo porque lisa y llanamente sigue siendo incapaz de canalizar adecuadamente sus expectativas de una mayor proyección ofensiva hacia el ámbito de la valla rival. Ya lo decíamos el Domingo próximo pasado y así lo afirmamos hoy, con la frente alta y sin pelos en la lengua, porque siempre hemos llamado al pan pan y al vino vino y continuaremos denunciando la verdad, aunque a muchos les duela, caiga quien caiga y cueste lo que cueste.

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El fútbol, en el fondo, es facilísimo. Difícil es el jugarlo, pero facilísimo en el concepto básico. Lo que yo pido, en definitiva, es que cada futbolista que salga al campo entregue lo mejor de sí mismo. Jugar bien o jugar mal es otra cosa. Un accidente. Todos hemos tenido tardes negras pero, lo importante, es que al término de un partido, yo pueda mirar a los ojos de un jugador y decirle: 'No pasa nada. Tranquilo. Has dado todo lo que tenías'. Lo malo es si no me pueden mirar a la cara, si tienen que bajar la vista. En ese momento, para mí, han fracasado. Sea quien fuere.

(JOHAN CRUYFF, en su libro "Mis futbolistas y yo")

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El desmarque es amagar una posición falsa e ir a la real, adonde vos querés ir. Esto no puede ser lento, tiene que ser explosivo; si hacemos un seguimiento a un jugador durante todo un partido vemos que de los noventa minutos sólo tres tiene la pelota en sus pies, tres minutos si es un fenómeno; es decir que tiene 87 para jugar sin pelota, ¡mirá si hay tiempo para desmarcarse!

(LUIS GARISTO, entrenador uruguayo)

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No me gusta la prostitución intelectual. Me gusta la honestidad intelectual. Ha habido mucha manipulación intelectual durante los últimos días. Se ha hecho un gran trabajo para manipular a la opinión pública. No puedes decir que no fue penal, puedes decir que existen dudas.

(JOSÉ MOURINHO, entrenador del Inter, "atendiendo" a Claudio Ranieri quien, en un programa de televisión italiano, puso en duda la legitimidad de un penal cobrado en favor del equipo milanés el domingo 8/3/09 en el empate 3-3 ante la Roma)

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El Bambino en el cine

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El hombre del corazón azulgrana (Rocío Soria R. - Ecuador)


Lindo Quito de mi vida, es la frase recurrente que pronunciaba el hombre, se llenaba la boca con esta frase, se llenaba la vida entera, tal si hubiera tomado aire nuevo y este aire fuera de un mágico elixir, y este mismo aire le permitiera mantenerse en pie.

Hay apasionamientos tan grandes en los hombres, inexplicables para el resto de los mortales y que de a poco se convierten en formas de vida, la poesía no solo se la escribe desde el papel, no solo se la sangra en el papel, sino que se la hace en la vida, con el cuerpo, con el dolor, con el llanto, con la rabia, y qué mejor si la musa de inspiración es la AKD.

Cuando ganamos nuestra tercera estrella en el 2008 hubo algo que me hizo enteramente feliz, la contemplación de la sonrisa de mi madre que estaba en la casa con el corazón acelerado mirando el partido por TV mientras yo andaba en Latacunga.

Pero más que la sonrisa de mi madre, me hacía feliz otra cosa, ¿hay algo que a un mortal le pueda hacer más feliz?, pues si, la esperanza de que ese hombre que se llenaba la boca y la vida con un “Lindo Quito de mi vida” estuviera presenciando el partido.

Ser hincha del equipo que siempre pierde, es como estar enamorado de esos amores imposibles, de esos que no se concretan y por el hecho de no concretarse gozan de una cierta magia o misticismo, mítico compromiso, cuento sin final. El Quito es un sentimiento y eso no tiene discusión, decía mientras filosofaba ese hombre.

Los años 55, 56 y 57 fueron años gloriosos para la hinchada ferviente del Quito, supongo entre esa hinchada estaba ese niño de 4 años, que de a poco se volvió hombre, niño en cuerpo de hombre, pasión en cuerpo de niño. El tricampeón era indomable en esa época, decía el hombre.

Y es que los amores de la vida de este hombre fueron dos, su madre y su equipo, qué más se puede pedir a Dios que haber contado con los dos amores más bellos, el filial y puro de la madre y ese que rabia en el alma, el amor a la camiseta, el amor a la AKD.

Recuerdo que una vez me desperté sobresaltada, era el hombre que cantaba a voz en cuello, para todo el barrio: “Desde chiquito te vengo a ver, y me persigue la policía no sé hasta cuando me van a joder no me entienden que vos sos mi vida”… desde chiquito… Finalmente siempre somos lo que fuimos de niños.

La vida únicamente es válida por la mayor o menor medida de pasión que pongamos en nuestros actos, recuerdo aquella vez que juntos fuimos a la Cocha a ver al equipo amado, él, desarmado, se había vuelto un fardo de dolores nuevos, pero eso no tenía importancia, su corazón estaba pintado de azul grana, procuraba no desplomarse, el espíritu le sostenía el cuerpo por dentro, ese era el amor que profesaba a su Quito Corazón. Cuando se sometía a su tratamiento de diálisis, su madre, sus tíos y yo rezábamos porque aunque no lo crean, salía radiante si el Quito ganaba, incluso hasta el tío hincha de Liga, rezaba por el Quito, rezaba por este hombre.

Yo aun tiemblo al escuchar esos cánticos de las barras y les contaré un secreto, pues no es blasfemia asegurar que además de haberse ido con la casaca roja y azul por debajo y con traje azul y la corbata roja, también se hubiera ido pronunciando con lo que le quedaba de su voz, Lindo Quito de mi vida., lindo Quito de mi vida.

Mi madre no me dejaría mentir en esto. Ese hombre, de quien les hablo, era mi hermano, el Ing. Ramiro Heredia, quien fue miembro de la directiva del Deportivo Quito, más conocido como Ramiro “Conaie” Heredia en la cultísima barra de la cual formó parte y cuyo nombre consta en la publicación de Patricio Ycaza.

(Mi agradecimiento a Rocío por este material para compartir con todos ustedes)

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¿El Betis un equipo de ‘descamisados’? Solo a un malaje se le ocurre tamaña mentecatez. Descamisado. Sepa usted que los sevillanos son muy mirados con las formas de cortesía y tratamiento. Que el Betis es Real Betis, Real, y tiene en su historia una cortedad de condes y duques.
Mire usted, desde Septiembre de 1914, ayer como quién dice, su majestad el Rey Don Alfonso XIII (imagen) es presidente honorífico y perpetuo, ¿me oye bien?, perpetuo. No se si ese título será hereditario, que no estoy muy fuerte en genealogía, pero si lo es, ahí tiene usted a su majestad Don Juan Carlos I como presidente del Betis, pero espere, es que de vez en cuando oigo ruidos así de raros, le decía que hay una mortandad de nobles en la fundación del Betis, el Marqués de Esteria, el Conde de Romanote, el Marqués de Alucena, el Duque de Maura, el Conde de la Cortedad (este fue presidente de la federación de Fútbol), el Marqués de Viana el Conde de Urbina, el Marqués de Tordesillas, el Marqués de Solobral y el Marqués de Monchale. Esos ‘descamisados’ eran la directiva del Betis…

(tomado del libro “Las grandes mentiras del fútbol español” de Bernardo de Salazar y Félix Martialay, Editores: Madrid : Fuerza Nueva, 1997)

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Lo más rico en el Barcelona es que nosotros salimos a divertirnos en la cancha, por eso jugamos alegres. El fútbol es para divertirse...

(SAMUEL ETO’O, jugador camerunés del FC Barcelona, -2007-)

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Como negocio, el fútbol es una expresión más del capitalismo. Pero tiene una excepción: habla del mérito. No hace falta ser hijo de nadie para llamarse Maradona y volver loco de amor a un país y llenar de admiración al mundo. Es la justicia que se impone en este deporte: el fútbol es una actividad con demasiados testigos como para permitir el fraude. El que tiene talento y carácter, prospera.

(JORGE VALDANO, ex futbolista, director técnico y escritor argentino)

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Gladiador (Rodrigo Damián Gaite - Argentina)


Yo me pasé casi 30 años de mi vida en el club. Imaginase, desde mi cargo conocí todos los detalles y pormenores no solo del club sino también de la ciudad, cuando yo empecé a trabajar estaba el viejo Flavio de presidente.

En la calle o en los comercios de la zona la gente solía preguntarme “Y usted ¿Qué cargo tiene en el club?” Y yo decía con orgullo: “Jefe de mantenimiento del estadio”. Je! ¿qué tal? Total la mayoría de los que me preguntaban después no aparecían por el club, sino se hubiesen dado cuenta que muy bien mantenido que digamos no estaba. Pero bueno.

Como le decía; yo pasé toda mi vida en el club y además veo fútbol desde que tengo uso de razón, y le aseguro que a lo largo de mi vida he visto a muchos jugadores recios, temperamentales, tipos que jugaban con el cuchillo entre los dientes como el cholito Simeone, “hacha brava” Navarro, Giunta, Aguirre Suárez, algún que otro marcador de punta uruguayo, que se yo, tantos. Pero no recuerdo a ninguno que lo hayan llamado “Gladiador” como a Rómulo Romano.

Muchos pensarán que como se llamaba Romano de apellido era un simple juego de palabras. Pero no. Por que yo le aseguro que Romano era un verdadero gladiador adentro de la cancha. Metía que daba miedo, enérgico, a veces sanguinario.

Me acuerdo que llegó muy joven al club, lo que no recuerdo muy bien es quien lo trajo. En los primeros entrenamientos ya comenzaba a mostrar esa personalidad que lo caracterizó durante toda su trayectoria. Alto, media como un metro ochenta, de espaldas anchas, el pelo bien cortito casi rapado. Tenia un par de cicatrices en la frente y en los muslos, siempre se lo veía con una barba de dos o tres días y una mirada extraña.

Yo me acerqué a él, por que ni bien llega un jugador nuevo, uno trata de hablarle, para que se sienta a gusto, así no le cuesta tanto el tema de la adaptación. Por eso yo me quedaba después de los entrenamientos y tomábamos unos mates en la utilería.

Me contó que vivía por allá por Pompeya, se notaba que le barrio le tiraba, y uno lo entendía. El barrio es el barrio. Lo que nunca entendí muy bien es como viviendo en Pompeya era hincha de Gimnasia, por que era bastante fana del lobo, me contaba que le gustaba andar a caballo, iría al campo supongo y que le gustaba mucho ir al teatro, la verdad que daba gusto dialogar con él. Me decía que la mejor materia que tuvo en el secundario era “Latín” y que se la pasaba leyendo y estudiando esa lengua. Después me decía cosas como que la comida principal la hacía a la noche con la familia, y bueno, cada uno tiene su manera de vivir.

También me contó que tenía un hermano gemelo. Lo que nunca me voy a olvidar es la cara que puso ese muchacho la primera vez que entró al estadio para entrenar con el primer equipo. Es el “Coliseo” me dijo después en la utilería. Por que como se habrá dado cuenta era un muchacho bien instruido.

Pero eso de Coliseo, que quiere que le diga, recién lo habían inaugurado y estaba reluciente, pero tampoco era para tanto. Tiene una forma medio circular, visto desde el aire es parecido a la cancha de Racing, más o menos. Por afuera esta pintado de un color ocre.

El estadio se construyó en esos terrenos que nos vendió la municipalidad en cómodas cuotas. Por lo que pude saber le habían pertenecido a unos inmigrantes griegos, que no se que problema tuvieron que se los terminaron rematando. Por eso el lugar estuvo abandonado por años.

Piense que era otra época. Se pensaba en el futuro, había gente emprendedora. Se inauguró bajo la presidencia del gordo Tito, buenazo el Tito, estuvo solo un año de presidente por que después falleció, era abogado, un tipo muy carismático, él se hizo cargo cuando murió su padre don Flavio, un militar de carrera y pocas pulgas. Pero el Tito era tan querido por la gente que parece mentira que haya muerto tan joven.

En realidad lo primero que se hizo fueron un par de estructuras de hormigón, después las plateas y recién después de un par de años las dos cabeceras. Por que en total se tardó casi diez años en construirlo todo, se había hecho correr la bola de que había un proyecto para techarlo. Pero no, nada que ver. Eso si. Si durante la semana llovía, teníamos que tirar un par de bolsas de arena en las áreas y en el medio campo.

Una vez llovió tanto durante un partido que parecía una batalla naval, al otro día, en el programa que pasan el resumen de la fecha, se leía en la parte inferior de la pantalla: “Una exhibición de Naumaquia”.

En la platea hay un sector para la prensa y el palco presidencial, no se por que motivo los comerciantes y funcionarios iban a un sector determinado. El día de la inauguración, vino el gobernador, varios intendentes y algunos senadores.

Es una maravilla, no es por nada. Para la cuidad es un orgullo, y eso que acá hay varias edificaciones lindas. Está el templo y la Basílica; hay muchos teatros y había un circo que no se si está todavía. Creo que lo primero que se hizo en la cuidad fue el acueducto, pero no estoy seguro.

Hay muchas plazas con esculturas de mármol. Edificios con arco de medio punto que tienen columnas que son una belleza. El que la tiene reclara con la historia de la cuidad es don Livio, que es tan fanático que se convirtió en el historiador oficial. Un filósofo el viejo.

Lo que es un verdadero lujo es el piso y la decoración de la sede social, no sabe lo que eran las cenas de fin de año o de cualquier otro festejo. Era entrar y ver esas mesas con fuentes de plata colmadas con frutas, ostras, pescados, carnes y garras de vino al por mayor.

Después, bueno, usted sabe tanto como yo de lo que fue pasando en las últimas décadas. Falta de presupuesto, lo que había no alcanzaba, y bueno, se hace lo que se puede. Al menos la gente de seguridad deportiva nos permite seguir jugando en nuestra cancha. Son macanudos los muchachos del Coprosede (Comité Provincial de Seguridad Deportiva); ponen esa cara de “y bueno hagamos la vista gorda, sino ¿A dónde van a ir a jugar?”.

Encima en nuestra cancha entre la línea de cal, ¡bah! de cal. Entre la línea del lateral y el alambrado es donde hacen el precalentamiento los suplentes. ¿Sabe lo qué es para los contrarios cuando el técnico manda a calentar algún jugador?, ni se imagina las cosas que le gritan los vagos desde las gradas. Antes era peor, por que ahora por lo menos hay una paresita de unos ochenta centímetros casi y después empieza el alambrado. Esa la hicieron los muchachos del corralón y algo aportaron los de la papelera a cambio de pintar la publicidad: “la estática” por que así quedó desde que la pintaron hace años. La verdad que jugar acá de visitante se la regalo, ¿Sabe como rugen las fieras?

Pero yo le estaba hablando de Romano. Rómulo era un jugador aguerrido (así decían los cronistas). Yo lo vi sacar partidos poniéndose el equipo al hombro. Con él ganamos en cada reducto que daba miedo el solo hecho de mirar las ‘caripelas’ de la hinchada contraria. Era un toro, se agrandaba en las difíciles.

Era el capitán y el emblema del equipo, manejaba a los árbitros con una labia que ni le cuento. Por que eso también hay que decirlo, era muy hábil, sabía cuando atacar y cuando tirarse atrás, arengaba a sus compañeros de tal forma que hasta el más desanimado salía a jugar con los tapones de punta. En la cancha era un líder positivo. Ya le dije que era medio sanguinario, le digo la verdad, trababa pelota tibia y peroné todo junto.

Corría y corría todo el partido por toda la cancha, era como si quisiera extender los límites del campo de juego. La pelota se iba al lateral y el seguía corriendo como si nada, ¿Sabe cuantas veces los jueces de línea lo tuvieron que zamarrear de la camiseta?

Por eso nuestra hinchada lo bautizó “Gladiador”. Por su temple, por la garra que ponía en cada partido y no por que fuese un simple juego de palabras. En su carrera no tuvo muchos goles. Tarjetas rojas de amontones, ¡Lo que era sacarlo de la cancha cuando lo expulsaban!

Cuando el equipo salía al verde césped, él era el primero de la fila. Salía inflando el pecho y con la pelota bajo el brazo apretada contra la cadera. La hinchada lo ovacionaba, él saludaba y se venía todo abajo.

Después como siempre, usted sabe lo que es este ambiente. Se dijo de todo de él, se dijeron cada pavadas. Una vez leí una nota que decía que como el club le debía varios meses de sueldo él amenazaba con prender fuego el estadio y la sede social. ¡Una locura! Mire si iba hacer una cosa semejante.

Pero un par de semanas después hubo un foco de incendio en las tribunas y un diario dijo que había sido él. Lo acusaban lisa y llanamente. Lo fui a buscar al payaso que escribió esa nota y me dijo socarronamente:

¿Y qué me dice del fuego que los bomberos tuvieron que apagar en la cabecera local?, ¿o no se acuerda?

-Si que me acuerdo, ¡Pero por favor! -le dije indignado- lo que pasó es que había mucho viento y un par de brazas del puestito de choripán cayeron sobre unas serpentinas de papel y se volaron hasta un deposito en el que hay maderas y esas cosas, y ese deposito está debajo de la cabecera local. Así se originó todo. Por suerte los bomberos llegaron rápido y pudieron extinguirlo. ¿Qué tenia que ver Romano?

-¡Qué casualidad! -me dijo burlonamente- los equipos volvían para el segundo tiempo y Romano no aparecía. ¿Dónde estaba?

-¿Y no se, se habrá demorado en el baño? -vacilé.

-Si, puede ser- dijo y se alejó sonriente.

No se, yo la verdad no creo que Romano haya tenido algo que ver con lo sucedido aquel día, ya le dije que yo hablaba mucho con él y fuera de la cancha era un tipo muy centrado.

¿Vio que hay jugadores que cuando termina el partido dicen “lo comparto con todos mis compañeros” o tienen alguna cábala?

Bueno. ¿Sabe lo qué hacía Romano cuando terminaba el partido? Se paraba en el círculo central con la frente alta y la mirada altiva. Miraba hacia el palco presidencial, y el Tito lo saludaba levantando el pulgar hacia arriba y una sonrisa de oreja a oreja. Pero le voy a contar lo que sucedió una vez.

Jugamos de local y nos pegaron un peludo bárbaro. Rómulo no la vio ni pasar, estaba claro que no era su tarde, pero eso le puede pasar cualquier jugador, además se sabía que tenía una distensión en el muslo, pero él quiso jugar igual, y la verdad que jugó muy mal, en el diario le pusieron un 4 y creo que fueron generosos.

La cuestión es que termina el partido y Romano se va para el medio de la cancha. Se para y mira hacia el palco como lo hacía siempre y el Tito no se si por jodón o por la calentura del partido, extendió el brazo y apuntó con el pulgar hacia abajo mientras lo hacía subir y bajar varias veces.

¡Uy, para qué! La cara que puso Rómulo, se quedó duro. Pálido, parecía que le había bajado la presión de golpe, como si le hubiesen dicho que lo iban a decapitar. Pobre muchacho no sabe lo que costó hacerle entender que el Tito lo hizo por jodón no más.

-¿En serio me lo dicen?

-¡Pero claro hombre! No lo tomes tan a pecho- le decía el utilero.

El fue un jugador emblemático. Uno de esos 5 que están en las formaciones de los equipos durante años; como Rattín en Boca o ‘Mostaza’ Merlo en River. Mire que pasaron técnicos, jugadores y dirigentes, hasta una asamblea de representantes hubo una vez.

Acá hubo tipos como Adriano ¡Pero no el de la selección de Brasil!; el único brasilero que estuvo en el club fue Julio Cesar. Jugaba de armador, un estratega, pero era un poco egoísta con los compañeros, se le notaba que quería volar alto, soñaba a lo grande una vez le oí decir: “A mi edad, Alejandro ya había conquistado el mundo y yo aún no he hecho nada memorable”.

Después se ve que se metió en cosas raras por que lo mataron como de veinte puñaladas.
En cambio Romano jugó durante no se cuantas temporadas ininterrumpidamente. Pero vea como son las cosas, cuando todo hacía pensar que él se iba a retirar del fútbol con todos los honores, que la camiseta número 5 se la iban a entregar en reconocimiento a su trayectoria, no pasó nada de eso. Romano dejó el fútbol si, pero sin pena ni gloria. Pasó que cuando quemaba sus últimos cartuchos en primera, muchos decían que el tipo jugaba confiado, que ya no tenía esa chispa avasallante de su juventud. Yo que lo veía entrenarse todos los días lo atribuía más a la experiencia que brindan los años, además él era intocable.

El equipo se formaba él y diez más. Pero fíjese en este detalle interesante. Antes que empezara el campeonato, durante la pretemporada, alguien le dijo al técnico que en la reserva había un pibe que venia pidiendo la primera y el técnico lo mandó a llamar, me acuerdo que cuando vino a entrenarse con esa pinta de desfachatado el ayudante de campo le preguntó:

-¿Y vos de qué jugás?

-De 5 - Contestó sin vacilar.

Nadie iba a pensar que ese mocoso atrevido le iba a sacar el puesto a Rómulo Romano, eso era impensado.

El Turco le decían los vagos de la pensión, por que cuando hablaba a la “S”, la pronunciaba como “J”.

“Pajala” le decía a los compañeros. Por eso le decían el Turco.

La cuestión es que a las pocas fechas de haberse iniciado el campeonato, nuestro querido gladiador perdió el puesto en el equipo. Durante las semanas previas, en los entrenamientos, era como si él mismo presentía que había llegado la hora del retiro. El último partido que jugó fue en nuestra cancha; encima jugamos contra esos Vándalos que nos la tenían junada. Romano jugó muy mal, se lo veía abatido, desconcentrado. Por respeto a su trayectoria la gente no lo silbó cuando terminó el primer tiempo.

Camino al túnel no se lo veía triste, más bien resignado, como que se había dado cuenta de que había llegado la hora de colgar los botines; pero por otro lado tenía ese brillo en los ojos como de bronca, de querer seguir, de no darse por vencido, más que nada por la situación que se vivía en el ambiente, si el aire se podía cortar con una espada, El clima era una caldera, ya se sabía que los contrarios venían a provocar desmanes.
Lo cierto es que en el entretiempo a Romano lo reemplazó el pibe este que yo le contaba. El Turquito.

Cuando los jugadores salieron para el segundo tiempo, él se quedó en el vestuario sentado en uno de los bancos de listones, con la cabeza gacha y la camiseta toda traspirada, algunos rayos de sol que entraban por las ventanitas que están en la parte de arriba, le iluminaban el rostro pensativo. Esa es la última imagen que tengo de él. Así se fue del fútbol.

Uno se imaginaba que iba a seguir ligado al club de alguna manera. Pero no. Por que desapareció para siempre. Por supuesto que nos dejó un recuerdo imborrable de cientos de batallas.

De más está decir que el turquito ese no le llegó ni a los talones, pero bueno, de a poco la hinchada se fue acostumbrando a no ver más a Romano saliendo del túnel con la pelota bajo el brazo y aferrada a la cadera. Acá la mano ya venía fulera. Por que ojo. ¡Atenti!, que esto no se cayó de un día para otro como muchos creen eh. Esto fue el resultado de años de malas administraciones, de despilfarrar la plata, de querer siempre más y más sin medir las consecuencias. Pero bueno, que va ser.

El tiro de gracia fue cuando terminó aquel partido de Romano, con esos Vándalos se armó un quilombo de la puta madre. Fue una verdadera batalla campal. Perdimos, nos fuimos al descenso y la cuidad y el estadio parecían Sarajevo después de la guerra. Con ese panorama imagínese. “Se cayó un imperio” tituló días después la revistita esa que siempre nos tira palos.

Los años fueron pasando. Yo me jubilé un par de meses después cuando al club lo tomó la gerenciadora. Hay cambió todo. Trajeron un montón de juradores de refuerzo, aumentaron la cuota social y le cambiaron el color a la camiseta para que coincidiera con el logo de la empresa. Todo en medio de promesas de ascensos y campeonatos. Todo duró un suspiro. No ascendimos ni por decreto, a la gerenciadora la hinchada la sacó a patadas en el orto, pero no en sentido figurado y volvimos a usar la camiseta de siempre. La gloriosa.

Al tiempo me encontré en el bar que esta frente al estadio con un periodista amigo. Resulta que cuando él empezó lo mandaban a cubrir los partidos que jugábamos de local, ahí hicimos buenas migas. Después el tipo no paró de crecer, parece que tenía un estilo muy objetivo y no se casaba con nadie. Esos tipos del estilo de Dante Panzeri o de Osvaldo Ardizzone. Se que viajó por todo el mundo, pero siempre se acordó de mi y cuando nos encontrábamos charlábamos de todo un poco. Tipo humilde de esos que no se agrandan cuando tienen un programa en la televisión.

Parece que andaba haciendo una antología del ascenso o algo por el estilo y por eso me llamó para hablar. Ahí fue cuando mediante café y café fue desarrollando el tema del fútbol, pero más bien desde un punto de vista sociológico, desde el lugar que ocupa en la historia de los pueblos.

Me explicaba, que el fútbol como la vida tiene un ciclo. Todo lo que empieza se desarrolla y termina. Termina una etapa para dar comienzo a otra. Le soy sincero, al principio no entendía muy bien a que se refería.

-Vos fíjate- me decía mientras hacía girar la cucharita en el pocillo- que en la historia se marcan fechas para dar comienzo o terminar una etapa, pero entre medio del comienzo y del fin esta ese “desarrollo” y eso es nada más y nada menos que la vida misma, que puede ser linda y cruel, de amores y odios, con guerras, democracias o dictaduras, con metas, proyectos, etc. Así se van desarrollando los hechos, y así se van trazando las épocas.

Pero tomemos al fútbol en este “desarrollo”. Un club de fútbol nace con proyectos, con mucho sacrificio y pasión. Vive etapas de alegrías y frustraciones y finalmente muere como todas las cosas. Mira estos casos: Mandiyú de Corrientes y Chaco For Ever. Desaparecieron. Hay ciclos que se terminan más rápidos que otros, algunos llevan años de angustia y sufrimiento por parte de los hinchas, por que está claro que a los dirigentes el sentimiento les importa un carajo. Ellos hacen y deshacen; transan y comercian; compran y venden y algunos son tan ineptos que no saben como manejar la situación y viene el colapso. Después tratan de hacer malabares creando el fideicomiso, convocatoria de acreedores. Cualquier cosa. A la gran mayoría eso no les interesa ya que la cuestión de fondo es usar al club como trampolín hacia una carrera política. Los únicos que quieren al club de verdad son los hinchas.
Se demuele un estadio emblemático como el “Viejo Gasómetro”, para hacer un supermercado, ¡total que importa la historia!
Mira Argentinos Juniors vendió ciento de jugadores que después fueron cracks, O sea que plata había. ¿Y cuanto tiempo estuvo sin poder remodelar el estadio de La Paternal? ¿Quién te asegura que donde está el Monumental el día de mañana no haya un complejo turístico o habitacional?

Se puede avasallar la tradición, todo vale. A Boca le agregan dos rayitas blancas a la camiseta por una cuestión de marketing. La camiseta de Banfield es blanca con una banda verde y juega con una toda naranja, ¿y Ferro?, uno dice verde y ya piensa en Ferro Carril Oeste. ¿Y qué hacen los dirigentes en 1999? Aceptan el diseño de una marca deportiva para jugar con una casaca ¡violeta!, y para no ser menos los de San Lorenzo en el 2000 aprueban una ¡negra y amarilla!

Para que en Europa vean un partido por televisión lo más tranquilo, de este lado del mundo se juega con 40 grados, y los entretiempos que antes eran de 15 minutos, hoy duran lo que dura la tanda publicitaria y durante el partido te mandan una propaganda cada 30 segundos. Antiguamente las camisetas no tenían numeración, después por una cuestión lógica el arquero usaba el 1, un delantero el 7 o el 11. Hoy es cualquier cosa, usan el 36, el 44, ¿sabés que número le dieron al brasileño Ronaldo en el Milán? El ¡99!, dejémonos de joder.

-¿Me vas siguiendo?, ¿te das cuenta como nace y se transforma un ciclo?

La mayoría de las veces no nos damos cuenta, algunos llevan décadas pero a la larga todo termina.

Mira Racing, sino desapareció fue por su gente, de eso no hay duda. ¡Si hasta por la tele dijeron que había dejado de existir!, ¿Y Español? Zafó por que pasó del Deportivo al Social. ¿Y Temperley? Nació, jugó en primera, descendió, presentó quiebra, volvió a nacer.

Hoy manda la televisión y los grupos empresarios. Antes la fecha se jugaba los domingos la primera “A” y el sábado el ascenso. Hoy tenés partidos los viernes, sábado, domingo a la tarde y a la noche. Copa de acá y copa de allá los miércoles y jueves.

Y así, como pasa con los clubes pasa con los jugadores. Mira Carlos Roa. Arquero de la selección nacional, lo quería el Manchester United. Deja el fútbol por motivos religiosos y vuelve al tiempo con la condición de no jugar los sábados.

Antes, el espectáculo se centraba en los jugadores. Se hablaba del “Expreso” de Gimnasia de la Plata, de la “Máquina” de River, de los “Cara sucias” de San Lorenzo.
Después el protagonismo lo tomaron los directores técnicos: El Estudiantes de Zubeldía, el Boca de Bianchi, y en el futuro va ser el Liverpool de tal empresa, el Ajax de tal otra.
¿Y que me decís de los jugadores que fueron ídolos y terminaron en el olvido?- hizo una pausa para ubicar al mozo.

¿Qué me decís de Alzamendi? Fue a ver a River y no lo dejaron pasar por que no lo conocían. ¡A Alzamendi! Que hizo el gol de la Intercontinental en Japón. ¿Y Corbatta? ¿No terminó en la miseria en un cuartito de prestado en la cancha de Racing?
El Real Madrid. El mejor club del mundo ¡Tres años sin ganar un torneo!, pero contrata a un jugador por que es carilindo y habla en ingles, y venden 8.000 camisetas en un día hasta en Asia.

Hoy un jugador se cambia los botines en medio de un partido frente a las cámaras por contratos de publicidad y los estúpidos de los periodistas dicen que se pone tapones altos por que la cancha está mojada.

¿Cual es la mayor expresión de alegría en el fútbol? El gol. Antes se jugaba con 5 delanteros. Hoy es todo defensivo, mezquino. 4-4-2, 4-3-3, como si fuese un número de teléfono. ¿Entendés a que me refiero?

Entiendo le dije mientras salíamos a la calle. Me puse a mirar la deteriorada fachada del estadio y pensaba en Rómulo Romano. Él y nosotros habíamos sido parte de la historia, de esos ciclos de la vida que forman la religión, las creencias, los usos y costumbres que un buen día se terminan y aparecen otros. De hecho, la forma de vivir de nuestros abuelos era muy diferente a la nuestra. Las culturas van cambiando con el paso generacional y el fútbol de hoy ya no es el de antes. Todo cambia. Pero por más que cueste, hay que aceptar que los tiempos cambian con el avance de la ciencia y la tecnología. Es nacer, vivir y morir. Morir: Verdad universal irrefutable.

-Así se va escribiendo la historia José- me decía mientras nos despedíamos- Así se va escribiendo la historia.

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