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En su libro de anécdotas futboleras, "Detrás del túnel", el recordado técnico húngaro Jorge Elmer Banki, cita una breve historia en tiempos en que conducía a All Boys, a comienzos de la década del 60.
Todo comenzó cuando en los entrenamientos de pretemporada, uno de sus jugadores le pidió permiso para que pudiera hacer los ejercicios junto al plantel, un amigo suyo.
Banki accedió y al otro día, cuando lo vio, se dio cuenta que el muchacho no tenía físico de futbolista. Grandote, fornido, medio gordito, el "agregado" circunstancial al plantel, demostró entusiasmo por entrenar. Claro que después de correr unos 400 metros, siempre quedaba completamente exhausto y muy dolorido. ¿La causa?; sus pies planos. Pese a ello, irradiaba una gran simpatía y mucha voluntad para ir todas las mañanas a entrenar en Floresta.
Un día, Banki le llevó un par de plantillas para que se colocara en las zapatillas, como para que sus pies planos soportaran mejor el dolor y el enorme sobrepeso que producía su enorme físico. "Gracias maestro, pero quiero seguir corriendo así nomás, yo pego con los puños, no con los pies", le dijo socarronamente con su voz aflautada. Era nada menos que Oscar "Ringo" Bonavena (foto), que comenzaba a boxear, en sus tiempos de amateur.
Ya consagrado, siendo una figura de prestigio mundial dentro del ámbito del pugilismo, Bonavena expresaba su agradecimiento a Banki, por haberlo ayudado a mantenerse en forma y aprender ejercicios que le vinieron muy bien en su posterior carrera en el deporte de los puños.

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