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Antonius Pila Rotunda, entrenador de fútbol (César García Cimadevilla - España)


Gol, gol, goool... goooooooool.

Si hay algo importante en el balompié, fútbol que dirían los ingleses o estúpidas carreras en calzoncillos tras una pelota redonda que no deja de dar vueltas como dice mi esposa, que odia el fútbol sin sentirse avergonzada de que su esposo sea cronista deportivo (santas contradicciones del alma femenina). Repito y tripito, si hay algo importante en el balompié es el gol o mejor dicho el goooool. Dicen que es la salsa del fútbol, yo más bien creo que es la salsa picante y lo sólido del menú y hasta el perejil que hace de adorno.

En el fútbol el gol lo es todo, el resto es el suspense hitchconiano para tener el alma del espectador en vilo. Ocurre en algunos partidos que el alma está en vilo tanto tiempo que acaba por dormirse como un angelito, reposando entre nubes algodonosas. Un buen cocinero podría llegar a hacer un plato de gol con zanahorias acarameladas y entre col y col podría poner una lechuga que lo único importante del sofisticado plato continuaría siendo el gol, gol, gol, gooooool. Ingrediente sustancioso, proteínico, esencial, sustancial, divertido y sabrosón.

Claro que no es lo mismo un plato de gol con lechuga que con Antonius Pila Rotunda en el banquillo o como comentarista deportivo en Vía Lunar, la plataforma que ha adquirido los derechos de las transmisiones futboleras por toda la eternidad (un auténtico pastón, oiga). Sería casi lo mismo que la diferencia que puede existir entre comer un exquisito plato de alta cocina o unas simples lentejas quemadas en casa de la suegra, pongamos por caso.

Disfruté mucho de sus conferencias de prensa hasta que el odio acendrado y sin templanza de Antonius Pila Rotunda me echó para siempre de sus clases doctorales. ¿Por qué me odia? ¿Quién soy yo para que mi mal procure sin descanso? Pues simplemente un chico malo de la prensa, y los hay a montones, así que no entiendo por qué precisamente yo y no cualquiera de mis sabios colegas.

Mi comentario bienintencionado sobre una anécdota sin importancia ocurrida entre Antonius y Romualdo, el delantero más famoso del país y del mundo entero, no creo que fuera para tanto. El hecho en sí, desnudo, es que en un entrenamiento ambos se calentaron y comenzaron a darse de balonazos. Salió perdiendo Antonius y desde entonces no se hablan. Tampoco me hablan a mí, que estaba presente, e incluso Pila Rotunda me odia como si oliera a azufre y fuera el mismísimo demonio.

Me he quedado sin saber si Antonius Pila Rotunda continuará un año más como entrenador del Galáctico o no. No necesito contestación porque la cosa está clara, dependerá de los resultados. Pero aun así no puedo inventarme la respuesta y tengo que echar mano de lo que pueda sacarle a colegas como Alarina la Resabidilla, la más famosa periodista deportiva del país y creo que hasta del mundo si no fuéramos tan envidiosos en esta piel de toro. La apodan así, Resabidilla, porque la envidia cochina les corroe. No soportan que una fémina venga a darles lecciones de fútbol.

Los muy machos creen que las señoras no pueden hablar de señores corriendo en calzoncillos, ni siquiera Alarina la Resabidilla. Ellos se lo pierden, porque bien maja que es y me pasa sus informaciones sin pedir nada a cambio y actúa por delegación en las conferencias de Antonius Pila Rotunda y le hace las preguntas que yo le escribo en su bloc de notas.

Mis preguntas son insidiosas a veces, lo confieso, hasta el punto de que una de ellas que le hizo en mi nombre Resabidilla propició que Antonius montara en cólera y abandonara la sala de conferencias, digo de prensa, dejando a los chicos de la prensa con un palmo de narices. La pregunta no era nada del otro jueves, se trataba de saber si existían conflictos en el vestuario y si el presidente le había llamado al orden. Dando un formidable puñetazo al micrófono dijo que él tenía contrato hasta el año 3001 y que a Antonius Pila Rotunda no le echaba ni Dios. El micrófono había quedado «escogorciado» pero no importó, porque hasta los chicos de la puerta le entendieron hasta la última coma.

¿Qué le hubiera costado una respuesta diplomática, algo así como que en toda convivencia, incluida la matrimonial, hay siempre conflictos? No, siempre queriendo quedar bien con todos, tuvo que liarse a puñetazos con el micrófono. Y voy a terminar esta parrafada o a los hinchas se le hincharán las narices y comenzarán a tomatazos con un servidor o a puñetazos, lo que sería hasta peligroso. Nunca he llegado a ese extremo en toda mi vida deportiva y aquí me tienen, de rodillas, rezando para que no me suceda jamás.

Ustedes me disculparán pero va a comenzar el partido del siglo en la tele y no quiero perderme ni un fuera de juego. En otro momento seguiremos hablando de este noble arte llamado balompié para castellanizar la expresión aunque nadie la use.

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