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Valentín Ceaucescu, Míster Ford blanco


Ángel para unos, diablo para otros, Valentín Ceaucescu es uno de los hombres inseparables de la historia del Steaua de Bucarest. Este físico nuclear, hijo adoptado del dictador ya fallecido, de Rumania ha sido uno de los personajes más siniestros y fundamentales en la explosión internacional del Steaua.
Aunque todos los jugadores y directivos hablan de lo mucho que Valentín les ayudó, lo cierto es que él también fue uno de los grandes beneficiados. Si no, no se comprende que en pleno régimen comunista el Steaua fuera uno de los primeros equipos del Este en llevar publicidad en sus camisetas, concretamente Ford. A los pocos meses, Valentín lucía por las calles de Bucarest un flamante Ford Sierra, el único que había en Rumania. Ahí le surgió el apelativo de Mister Ford blanco.
Su influencia era tan grande que llegó a ser considerado como mánager del club. Media hora antes de comenzar cada encuentro Valentín sostenía animadas charlas con el técnico mientras los jugadores calentaban sobre el césped.
Quizá quienes peor lo pasaban eran los árbitros. No debía resultar nada fácil dirigir un partido al Steaua y equivocarse en contra porque Valentín siempre solía estar en la grada. Cuando el equipo se disponía a disputar un choque trascendental, Valentín, junto a su tío Ilie, bajaba hasta vestuarios y se sentaban durante la mayor parte del encuentro en el banquillo y en ciertas ocasiones charlaba con los colegiados. Se llegó a rumorear que Valentín le decía a los árbitros que acudía al partido para comprobar su honradez. Lo cierto es que la influencia era tan grande que hasta podían cambiar el resultado de una final.
Esto lo reconocen los propios directivos del Steaua: “es fácil que los árbitros y los rivales actuaran impresionados al ver a Valentín en la grada y al saber que los Ceaucescu nos apoyaban y que no les gustaba nada vernos perder”.

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