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Era un 14 de Septiembre. Al día siguiente, los mexicanos conmemorarían su tradicional e histórico “Grito de Independencia”. El temperamental jugador uruguayo Nery Castillo (padre del actual jugador, de igual nombre) no pudo con su habilidad, ni rapidez, desequilibrar el partido. Su equipo perdió. Se acercó al árbitro al terminar el juego, le estrechó la mano y le soltó su furia en la cara: "Qué se podía esperar de un mexicano cobarde como vos". El árbitro apretó fuerte la mano derecha de Nery Castillo y con la izquierda le asestó en pleno rostro un puñetazo fulminante. Ni siquiera lo dejó caer de la fuerza con la que le sostuvo la mano.
La foto salió en los diarios, con encabezados tales como "agresión de un árbitro a un jugador", "ahora los patos le tiran a las escopetas", etcétera.
La televisión repetía la escena, ante los ojos atónitos de los televidentes, que no recordaban un episodio así.
Nery Castillo se quedó sin posibilidad de respuesta porque el agresor era más grande y fuerte.
"Estaba yo en mi mejor forma. Fuerte. Y Nery era bajito y delgado. Simplemente no lo dejé moverse. Me ofendió que me dijera cobarde. Claro que hice mal al pegarle, pero al otro día íbamos a celebrar la Independencia de México y no quería permitir que un extranjero le dijera cobarde a un mexicano. Y menos a mí", dice hoy en su retiro Fermín Ramírez Zermeño, quien recuerda aquella anécdota de hace más de 20 años, cuando Nery Castillo era la gran figura del desaparecido Atlético Potosino.
"Ahora que vuelva a México con su hijo, voy a tener que ir a ofrecerle una disculpa y a darle un abrazo", dice mitad arrepentido y mitad festivo.
-¿No lo expulsaron del arbitraje?
-Casi. Todo el mundo se me vino encima. No era común que un árbitro le pegara a un jugador. Afortunadamente por aquella época me entrevistó para televisión don Jacobo Zabludowski, quien enarboló la bandera de que no podía expulsar de por vida al árbitro porque generalmente siempre éramos las víctimas de los jugadores. Aunque su argumento no era tan contundente, por el peso que tenía en la opinión pública me salvé de la expulsión de por vida. Sólo me castigaron unos cuantos partidos.
Hoy Fermín Ramírez Zermeño, uno de los árbitros más destacados de los ochenta, vive un retiro feliz, pensionado por un banco para el cual trabajó 35 años. "Al retirarme del banco quemé todas mis corbatas y mis trajes", ríe.
Pero no olvida aquella anécdota, extraña en él, que siempre fue un silbante sereno y equilibrado.
"Pero ese día perdí la cabeza. Me ofendió que le dijeran cobarde a un mexicano. Y le sujeté fuerte las mano con la derecha y le pegué un izquierdazo que seguramente todavía le duele", dice en la sala de su casa, en el sur de la ciudad de México.
La anécdota sirve porque justo en aquellos años nació en San Luis Potosí, Nery Castillo, el hijo, actual jugador de la Selección de México).


(extraido del portal ESPN Deportes, 13/03/07)

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